Editorial: Ojo con otro 'septimazo'
Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM | 7:06 p.m. | 08 de Febrero del 2012
Qué más quisiéramos los bogotanos que ver nuestra vía insignia con vida nocturna, segura y amable.
Por su significado, por su legado histórico, por ser el eje que nos mantiene unidos al pasado en medio de las turbulencias del presente, lo que suceda en torno de la carrera 7a. adquiere dimensiones que van más allá de las fronteras de la capital.
Ahora que se anuncia la peatonalización de su corredor principal, entre la calle 26 y la plaza de Bolívar, por donde deambulan 1,5 millones de almas cada día, la antigua Calle Real adquiere de nuevo relevancia. Según advierten las autoridades distritales, se trata de una medida temporal -seis meses- para facilitar los trabajos de demolición y construcción de un nuevo puente vehicular sobre la misma 26, como parte de las obras de la troncal de TransMilenio.
A riesgo de bajarles el ánimo a quienes apoyan la iniciativa, no se puede perder de vista que se trata de una decisión limitada en el tiempo y que lo planteado es la suspensión del tráfico de carros, buses y motos. No se habla de adoquinarla, ni de ponerle cafés, sombrillas o bancas, al estilo de la 'zona T'. Infortunadamente, el recuerdo más cercano de los 'pieandantes' en esa avenida emblemática es el 'septimazo de los viernes', que terminó controlado por las ventas ambulantes, los ladrones de ocasión, los expendedores de droga, las basuras y un comercio formal disminuido. El experimento murió con más pena que gloria.
Antes de dar rienda suelta a la medida, es urgente que la Alcaldía revele cuál será el esquema para el desvío del alto flujo vehicular que existe, cómo evitar que colapsen vías aledañas y de qué forma se blinda al sector comercial, que le sigue apostando al centro, pese a todas sus vicisitudes.
Dicho lo anterior, hay que resaltar que la decisión anunciada por la Alcaldía Mayor es una excelente oportunidad para tomarse en serio la posibilidad de que la 7a. y el sector histórico de La Candelaria sean corredores peatonales con todas las de la ley.
Qué más quisiéramos los bogotanos que ver nuestra vía insignia convertida en otra calle Francisco Madero, como en Ciudad de México, o la Preciados, en Madrid, o la afamada Lincoln Road, en Miami, con vida nocturna, seguras, amables, ambientalmente saludables, donde se puede salir a disfrutar de la ciudad con la familia y los amigos. Estamos en mora de hacer este viejo anhelo realidad.
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