Editorial: Sobre un año que termina
Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM | 7:32 p.m. | 29 de Diciembre del 2011
A medida que avanza la cuenta regresiva para decirle adiós al año que termina, se impone la necesidad de darle una mirada a lo que fue este 2011 para los colombianos. Termina entonces un periodo complejo, en el cual, junto a una economía que creció y pudo generar más empleo, volvieron los embates de la naturaleza, que vinieron acompañados de un elevado saldo de pérdidas materiales y de vidas humanas.
Sin lugar a dudas, la continuación del fenómeno climático de la Niña fue el evento más destacado, pues afectó directa e indirectamente a millones de personas a lo largo y ancho de la geografía nacional. Más allá de las imágenes de hectáreas anegadas, carreteras destruidas y casas bajo el agua, el aumento de la pluviosidad puso en evidencia que nuestra pobre infraestructura no tiene la capacidad de resistir las variaciones propias del cambio climático. Hemos construido donde no se debe y cultivado donde no se puede, lo cual nos está pasando una abultada cuenta de cobro.
En respuesta, el Gobierno emprendió un ambicioso programa de reconstrucción y mitigación que, para ser efectivo, requiere años de esfuerzo. Sin embargo, en su primera etapa es evidente que hubo lentitud en la ejecución de las obras y que muchos mandatarios regionales y locales fueron incapaces de hacer la tarea que les correspondía. Ahora que las lluvias han amainado se abre una ventana para evitar que las imágenes de siempre se repitan cuando aquellas retornen.
Pasando a otro frente fundamental, en el campo de la seguridad tuvieron lugar hechos importantes, que pueden ser definitivos para encontrarle una salida negociada al conflicto interno. El más significativo fue la muerte de 'Alfonso Cano', el líder de las Farc dado de baja por el Ejército tras un operativo que puso de presente el profesionalismo de las Fuerzas Armadas. La confirmación de la supremacía del Estado debería llevar a los dirigentes de la organización guerrillera a entender que no hay camino diferente al de la desmovilización, para lo cual las instituciones deben preparar el terreno.
Mientras eso ocurre, no se puede bajar la guardia en la lucha contra la criminalidad común. Diferentes reportes aseguran que lacras como la extorsión y el boleteo han retornado en algunas zonas del país, mientras los habitantes de las principales ciudades tienen una creciente percepción de inseguridad. Nuevas herramientas legales les han permitido a las autoridades reaccionar, pero el terreno por recorrer es muy largo, así los asesinatos hayan bajado a su menor nivel en dos décadas.
Buena parte de la responsabilidad en este campo les corresponde a los alcaldes y gobernadores que empezarán su gestión el próximo domingo. Las elecciones del pasado octubre, en las que fueron escogidos, trajeron consigo el esbozo de un nuevo mapa político, que seguirá conformándose en los próximos meses. En tal sentido, es válido prever realinderamientos, que podrían influir sobre los partidos cercanos a la Casa de Nariño.
Pero antes de entrar en esas honduras, también hay que reconocer lo sucedido en el campo de la política internacional. De manera persistente, el país ha ganado espacios que no tenía, los cuales incluyen una voz que se hace sentir más en el ámbito regional y que hace presencia en diversos continentes.
Tales conquistas han incluido una intensa diplomacia presidencial y ofrecen resultados concretos. El ejemplo más evidente es el del TLC con Estados Unidos, que fue ratificado tras un lustro de espera y que le abre nuevas oportunidades a una nación cada vez más globalizada, que termina un año en el cual, a pesar de las dificultades, pudo avanzar por el camino correcto.
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