Editorial: Paisaje para enmarcar
Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM | 7:55 p.m. | 26 de Junio del 2011
A partir del sábado pasado, el paisaje cafetalero colombiano es mucho más que una hermosa imagen de postal. La Unesco lo incluyó en la exclusiva Lista del Patrimonio Mundial. Para el comité seleccionador de la agencia de Naciones Unidas, esta región del país es un "ejemplo excepcional de un paisaje cultural sustentable y productivo de características únicas".
Con esta decisión, Colombia suma su séptima inclusión dentro de los sitios considerados Patrimonio de la Humanidad. Antes de la zona cafetera, ya contaban con esta distinción la ciudad amurallada de Cartagena de Indias, los parques arqueológicos de San Agustín y Tierradentro, el centro histórico de Mompós, el santuario de flora y fauna de Malpelo y el parque nacional de los Katíos, considerado en peligro.
La Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco recoge 923 lugares de importancia cultural y natural en 152 países del planeta que merecen ser conservados y protegidos por su alto valor para la Humanidad.
El paisaje cafetalero es miembro hoy de un club donde se encuentran la Gran Muralla China, las pirámides de Egipto, la Acrópolis de Atenas y las ruinas de la civilización maya.
El área declarada contempla más de 40 municipalidades y más de 400 veredas de los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca. La Unesco hace así un merecido reconocimiento a la cultura cafetera colombiana. Alrededor de la explotación del grano en las laderas montañosas se generó un espeso y rico entramado social y de tradiciones agrícolas que lleva más de un siglo.
La declaratoria de Patrimonio es una oportunidad única para impulsar el desarrollo económico del Eje Cafetero. Para muchos lugares con el mismo "sello", esta inclusión se ha traducido en un incremento de los visitantes internacionales, de inversiones de expansión turística y de programas de conservación y protección cultural.
Y mucho que la zona cafetera lo necesita. Los centros urbanos regionales sufren actualmente altos índices de desempleo, mayores al promedio nacional. Es momento propicio para el despliegue de estrategias turísticas, intensivas en generación de puestos de trabajo, que traduzcan la condición de Patrimonio de la Humanidad en dinamismo económico.
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