Editorial: La primavera árabe continúa
Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM | 8:19 p.m. | 23 de Noviembre del 2011
En el hemisferio norte se acerca el invierno, pero algunos países árabes siguen en plena primavera política, como se denominó a la ola democrática que sacudió al Magreb. En Egipto, ante la renuencia de los militares a realizar la transición a la democracia, la ciudadanía ha vuelto a salir en masa; más de 100.000 ciudadanos, que ya aprendieron la lección en el arte de tumbar dictadores, se tomaron esta semana la plaza de Tahrir, en El Cairo, epicentro de las manifestaciones que pusieron fin a las tres décadas de gobierno de Hosni Mubarak en abril de este año. Su exigencia ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas era la inmediata transferencia de poder a los civiles.
Mientras tanto, en Siria, la dictadura de Bashar al-Asad insiste en aferrarse al poder a sangre y fuego. Uno de los más cercanos aliados de Asad, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, fue muy claro al advertir a su amigo que podría terminar como acabó el dictador libio, Gadafi, víctima de un linchamiento popular el pasado 20 de octubre tras casi medio siglo en el poder.
Y en Baréin, diminuto reino árabe, el gobierno pende de un hilo: un hilo cuyo extremo está en manos del rey Hamad bin Isa al-Khalifa. Allí también sigue viva la primavera del Magreb.
Con un poco de optimismo, hay que pensar que los egipcios han logrado un segundo triunfo, después de deshacerse de Mubarak, hoy procesado por varios posibles delitos. Los militares egipcios habían prometido que convocarían elecciones y entregarían el poder en septiembre. Pero septiembre pasó, noviembre avanza y, aun cuando está programado el comienzo de elecciones parlamentarias para el 28 de este mes, el consejo militar advirtió que se preparaba a gobernar por lo menos hasta el 2013. Esta circunstancia obligó a los indignados ciudadanos a ocupar de nuevo la emblemática plaza cairota para exigir que el mariscal Mohamed Tantaui, antiguo colaborador de la dictadura, apresure la entrega del poder a los partidos políticos. Ante la presión popular, y después de más de 40 muertos en tres días, los militares acaban de abrir las puertas a un referendo. Un pacto alcanzado el martes con fuerzas islamistas, encabezadas por los Hermanos Musulmanes, permitirá a Egipto tener una nueva constitución y elecciones presidenciales antes de junio del año próximo.
Washington, que también quiere tener parte en el futuro de su importante aliado del Levante, ofreció ayuda económica. Pero luego los estímulos se convirtieron en advertencias. Hillary Clinton, secretaria de Estado, pidió a los militares "una agenda clara y que la cumplan".
Mientras tanto, Siria se estanca en los viejos tiempos. Asad, hijo de dictador y cada vez más dictador él mismo, se jugó la carta de la represión brutal contra las protestas ciudadanas. Como resultado, van más de 3.000 muertos, los últimos de ellos en la ciudad de Hama, arrasada por el ejército sirio. Los países de la Liga Árabe le dieron un ultimátum para que ceda; de no hacerlo, será expulsado de la Liga. A su turno, la ONU aprobó, por fin, una admonición al presidente.
Pero las palabras más duras son las que ha pronunciado Erdogan. El presidente turco pidió la renuncia a Asad en los siguientes términos: "No es heroísmo luchar contra su propio pueblo". Y lo invitó a aprender las lecciones de Hitler, Mussolini y Ceaucescu, tres tiranos que tuvieron un fin sangriento.
En Baréin, donde el gobierno desató una fuerte represión contra los ciudadanos, una comisión intenta aclarar lo que ha ocurrido, para que el rey decida qué hacer. Y, en la espera, también la familia real pierde prestigio y poder. La primavera democrática sigue su lucha.
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