Editorial: La otra lista Clinton
Por: Redacción eltiempo.com | 7:51 p.m. | 17 de Noviembre del 2010
Cada país hace lo que puede con sus ex presidentes. En México, después de haber sido todopoderosos durante seis años, desfilan hacia una oscura situación muy parecida al olvido. Los de Colombia, por el contrario, empiezan nueva carrera política que les depara alta influencia y, en casos como las relaciones internacionales, asesoría estipulada por la ley.
Los de Estados Unidos pasan a convertirse en figuras ornativas que inauguran partidos de béisbol y acuden a actos simbólicos.
Pero no siempre. Jimmy Carter ha sido más notable como ex presidente dedicado a promover la paz y mediar en conflictos que por su efímero cuatrienio. Y algo muy especial sucede con Bill Clinton, que sigue desparramando su formidable talento político en causas de su partido, en iniciativas internacionales y, últimamente, como involuntaria referencia gastronómica. Un reciente informe de la prensa estadounidense señala que, de China a Islandia, la gente busca los restaurantes que ha visitado Clinton en su ecuménica agenda y pide lo que ordenó el esposo de la actual Secretaria de Estado de Obama.
Se sabe, por ejemplo, que almorzó o comió en Gugelhof, de Berlín; en el Bukhara, de Nueva Delhi; en Il Mulino, de Nueva York; en La Brasserie, de Bogotá, y en Casa Lucio, de Madrid. En este último, pidió un solomillo y en el primero, un repollo con guiso de cerdo que ya lleva su nombre. No necesariamente son restaurantes famosos ni finos. De hecho, es sabida la peligrosa propensión de Clinton por las hamburguesas, y en Reykiavik engulló un perro caliente callejero cuyo carrito ahora anuncia con orgullo "Aquí comió Clinton".
Igual letrero están colgando muchos restaurantes alrededor del mundo y podrían también exhibirlo los lugares donde el ex presidente ha probado bocado en Cartagena. Pero ya se exagera, según el informe, pues se anuncian así sitios que no visitó jamás y otros que apenas tuvieron la dicha de albergar a sus guardaespaldas. Que son los que escogen los destinos de comida. No él.
Se dice que, a juzgar por las habitaciones donde se proclama que durmió, el Libertador debió de morir centenario. Llegará el día en que a Clinton le pase lo que a cierto restaurante madrileño, que se hizo famoso por un letrero insólito: "Hemingway nunca comió aquí".
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