Editorial: La noche inolvidable
Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM |
El paso de McCartney por Colombia es un punto alto para los espectáculos por venir y la demostración de que se pueden ofrecer en nuestro país eventos de talla mundial sin abusar del espectador y dejando a todos contentos.Ya es de sobra conocida la genialidad musical del exbeatle, que le ha deparado un trono en la historia, al lado de los grandes compositores clásicos. Pero quizás nos faltaba por atestiguar su irresistible carisma, su fino humor británico, su energía en escena a los 69 años y la versatilidad para tocar en apenas dos horas y 40 minutos más de 30 canciones al hilo, dominando con maestría guitarras, bajo, pianos, mandolina y ukelele.
El marco para el extraordinario espectáculo no podía ser otro que el tradicional estadio El Campín, a donde volvió lo mejor de la música internacional, después de un lustro, y de donde no debería ausentarse, a menos que Bogotá cuente por fin con un sitio para grandes eventos como estos. La comodidad para el público, la amplitud del escenario y la capacidad de albergar multitudes lo hacen idóneo para recitales como el del jueves y reflejan las bondades de la recientemente aprobada Ley de Espectáculos Públicos. Vale rescatar la organización del concierto, que en apenas un mes montó una velada de primer nivel sin problemas de acceso, seguridad ni daños en la cancha. La calidad del sonido, los juegos de luces y el conmovedor acompañamiento audiovisual estuvieron a tono con la actitud del público, que se entregó al ídolo y lo acompañó con su voz.
Gracias al apoyo de los sectores público y privado fue posible aquella noche mágica, como la que seguramente tendrá Medellín, en noviembre, con Madonna. Sin un compromiso de las administraciones locales en favor del nivel cultural de sus ciudadanos, este tipo de eventos serían impensables. Por eso es menester aplaudir el consenso que hizo posible lo que hace un año era poco menos que una utopía.
El paso de McCartney por Colombia es un punto alto para los espectáculos por venir y la demostración de que se pueden ofrecer en nuestro país eventos de talla mundial sin abusar del espectador y dejando a todos contentos.
editorial@eltiempo.com
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