Editorial: Cambio de maquinista
Por: EDITORIAL |
Al nuevo titular del Ministerio de Transporte le corresponde mantener la casa en orden, mientras le mete velocidad a la locomotora de la infraestructura.Desde cuando el presente gobierno acuñó el término de "locomotoras de la prosperidad", para identificar a los sectores encargados de liderar la economía colombiana, los observadores han estado pendientes de los nombres de los maquinistas de cada uno de los trenes. En tal sentido, se han seguido de cerca las decisiones que han tomado los titulares de las áreas de agricultura, vivienda, minería e innovación, así como los eventuales cambios de titular en una u otra.
Pocas responsabilidades, sin embargo, son tan sensibles como la de infraestructura, en donde viene de ocurrir una importante sustitución. El pasado lunes, Germán Cardona dejó la cartera de Transporte y fue remplazado por Miguel Peñaloza, un profesional que hasta hace poco tiempo había estado por fuera de los sonajeros ministeriales.
Sin desconocer los retos que enfrentan sus compañeros de gabinete, es indudable que a este ingeniero cucuteño le correspondió, como se dice coloquialmente, "bailar con la más fea". Y es que pocos asuntos despiertan tantas quejas como el abismal atraso que tenemos, sobre todo en materia vial. Una mirada a los indicadores disponibles muestra que Colombia se encuentra en la retaguardia de América Latina en lo que tiene que ver con carreteras pavimentadas, rutas en buen estado o dobles calzadas.
El rezago es la consecuencia de décadas de desidia. Pero ahora que el país ha adoptado la política de profundizar la internacionalización de su economía, esa realidad le puede salir muy costosa. Llevar un producto a los puertos les vale a los colombianos mucho más que a chilenos o mexicanos, para no salirse de esta región. Ese sobrecosto no solo es asumido por los consumidores, sino que limita las posibilidades de competir en otros mercados y generar más empleos.
Recuperar el terreno perdido fue el empeño de la administración de Álvaro Uribe. Lamentablemente, el esfuerzo tuvo mucho de buena voluntad y poco de organización y acertadas políticas. Más allá de los anuncios, lo cierto es que gran parte de las obras bandera del pasado gobierno hoy están enredadas en la maraña de los atrasos en la ejecución. El caso de la autopista Bogotá-Girardot es emblemático, pues ha sobrepasado con creces tanto su cronograma como su presupuesto original.
En tal sentido, el país le debe a Germán Cardona haber organizado un sector que botaba agua por múltiples flancos y en el cual la corrupción hizo de las suyas. Pero ese esfuerzo de enderezar las cargas, junto con los desafíos de las sucesivas olas invernales que se ensañaron con puentes y carreteras, impidió que la locomotora avanzara con la rapidez deseada.
Debido a ello, al nuevo titular del Ministerio de Transporte le corresponde mantener la casa en orden, mientras le mete velocidad a la máquina. Eso quiere decir que debe evitar la politización de la entidad, así como caer en la tentación de lo que se ha conocido como el "clientelismo carretero". Aparte de lo anterior, es obligación conservar la práctica de solo abrir licitaciones que tengan buenos estudios técnicos, y la senda de reestructuración que dejaron entidades que prometen mucho, como la ANI.
Como si lo anterior fuera poco, hay que hacer lo necesario para que la nueva ley de asociaciones público-privadas opere en forma efectiva. Y, claro, se debe impulsar el desarrollo vial mientras se propende a volver realidad la promesa de hacer navegable el río Magdalena e impulsar varios proyectos ferroviarios.
Como queda claro, hay ingente trabajo por hacer en un área que está recibiendo inversiones y que requerirá muchos más recursos para recuperar el tiempo perdido.
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