Editorial: A romper la espiral
Por: EDITORIAL |
La responsabilidad de Ubéimar Delgado está clara y no puede ser inferior a ella. El círculo vicioso debe romperse y esto solo se logra con un gobierno al servicio del interés general y una ciudadanía activa, que garantice que esto sea así.Tras unas elecciones marcadas por una abstención que superó el 80 por ciento, Ubéimar Delgado fue elegido gobernador del Valle del Cauca en un momento decisivo de su historia.
El repertorio de problemas que encontrará el nuevo mandatario es diverso y nutrido. Comienza por un déficit de 112.000 millones de pesos. Siguen los pleitos jurídicos, que podrían llegar a costarle 350.000 millones al departamento. No ayuda tampoco la fuerte caída de las ventas de la licorera en el primer semestre: de 70.120 millones presupuestados solo se cumplió con 14.165. De ahí que una de las prioridades del mandatario escogido el domingo sea la de enderezar el funcionamiento de esta entidad, tarea tan vital como la de conformar un sobresaliente equipo jurídico, que afronte los mencionados procesos. Retos mayúsculos que lo obligan a integrar un gabinete de lujo, que además se encargue de las tareas pendientes en educación y seguridad. Aquí tendrá que mantener a raya el apetito burocrático de todos los caciques con puesto en el bus de la victoria.
Otro asunto neurálgico que deberá afrontar y que salió a flote el domingo es el acoso de organizaciones criminales contra las instituciones. Una muy bien constituida red, con miembros en posiciones claves listos para alterar los resultados electorales, fue desmantelada en buena hora por la Policía, cuyo director señaló ayer como responsable al exsenador Juan Carlos Martínez. Su libertad, recordemos, fue autorizada días antes de los comicios, en una decisión rodeada de muchas dudas. Queda también la incógnita sobre lo ocurrido en elecciones anteriores, luego de escuchar las grabaciones en las que los acusados sugieren que sus artimañas eran de rutina.
Pero el gran reto estriba en reconstruir la confianza en las instituciones, deteriorada por episodios como el del frustrado fraude. A este descrédito obedecen la altísima abstención del domingo y que 132.906 vallecaucanos hayan preferido el voto en blanco. La responsabilidad de Delgado está clara y no puede ser inferior a ella. El círculo vicioso debe romperse y esto solo se logra con un gobierno al servicio del interés general y una ciudadanía activa, que garantice que esto sea así. De lo contrario, seguirá intacta esta espiral de desconfianza y apatía, espléndida aliada de los corruptos.
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