Editorial: En busca de El Dorado
Por: EDITORIAL |
No hay duda de que la economía colombiana llama la atención por su capacidad para mantener una velocidad de crucero, incluso cuando el oleaje es más duro.No es usual que dos mandatarios extranjeros toquen tierra colombiana con horas de diferencia para realizar sendas visitas de carácter oficial y encontrarse con su homólogo. Pero eso fue lo que ocurrió el fin de semana pasado, cuando inicialmente arribó a la base militar de Catam el primer ministro de Portugal, Pedro Passos Coelho, quien fue seguido al mediodía del sábado por el presidente de Corea del Sur, Lee Myung-bak.
En el caso del primero, resulta claro el interés de Lisboa en tender puentes con Bogotá y promover un mayor intercambio de bienes e inversiones. De hecho, la agenda con los lusitanos estuvo dominada por los temas de negocios, gracias a la presencia de un buen número de empresarios del otro lado del Atlántico, algunos de los cuales ya han hecho millonarias apuestas en el país.
Por su parte, los lazos con Seúl son estrechos y ganan en importancia. No solo la participación del Batallón Colombia en la guerra de Corea a mediados del siglo XX creó un vínculo irrompible, sino que los productos de la península asiática forman parte de la realidad cotidiana de los consumidores nacionales. Así, está previsto que hoy en la Casa de Nariño se firme el Tratado de Libre Comercio bilateral -cuya negociación terminó hace poco-, que debería entrar en vigencia el próximo año.
Si bien cada uno de los encuentros con Juan Manuel Santos tuvo una génesis diferente, hay un elemento común que vale la pena destacar. Este radica en el atractivo que representa la economía colombiana como fuente de oportunidades en múltiples ámbitos. La existencia de un mercado interno de buen tamaño, de recursos minerales abundantes y de una posición geográfica privilegiada hace que las cualidades del país sean cada vez más reconocidas internacionalmente.
Y es que en medio de los ventarrones de la crisis global, que se cierne con dureza sobre Europa y otras zonas desarrolladas, Colombia parece seguir por buen camino en estas materias. El jueves, el Dane informó que el crecimiento del Producto Interno Bruto había sido del 4,7 por ciento en el primer trimestre del 2012, una cifra que produce envidia en diversas latitudes.
Las causas del buen desempeño son varias y van desde la velocidad en aumento de la locomotora minera, hasta la llamativa fortaleza de la demanda de los hogares. La adecuada combinación de buenas condiciones para los principales bienes de exportación con un clima de relativa confianza, en el que se destaca la mejora de los índices de inversión, ha creado una especie de círculo virtuoso que se nota en la evolución del PIB.
Incluso, en estos tiempos de desaceleración, diversos analistas hablan de un alza superior al 4,5 por ciento en dicho agregado este año, una cifra que supera con holgura el promedio latinoamericano.
Lo anterior no quiere decir que todo esté bajo control. Entre enero y marzo, el comportamiento de la industria, la agricultura y la construcción dejó mucho que desear, pues, mientras la primera registró un muy leve avance, las otras dos se contrajeron. Dado el impacto que cada una tiene sobre el empleo, lo sucedido es un campanazo que debe llamar la atención de las autoridades para que tomen decisiones como impulsar una mejora de los índices de ejecución del gasto público.
Pero, aun así, no hay duda de que la economía colombiana atrae las miradas por su capacidad para mantener una velocidad de crucero, incluso cuando el oleaje es más duro. Esa realidad -en la medida en que se logre preservar- no solo seguirá atrayendo capitales, sino a más jefes de Estado, interesados en acercarse a esta tierra, que ahora llama la atención por sus posibilidades.
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