Venezuela: la verdad agoniza

Venezuela: la verdad agoniza

Son confusos, rocambolescos y graves los últimos hechos en el país hermano.

08 de agosto 2017 , 10:25 a.m.

Cada vez que se diga, con razón, que la democracia muere en la oscuridad habrá que remitirse a Venezuela como ejemplo.

La lamentable trayectoria de quienes, junto con Nicolás Maduro, han gobernado esta nación en los últimos años, tiempo en el cual se ha desmantelado el sistema democrático hasta llegar a lo que vemos hoy –una asamblea constituyente ejecutora de una arbitrariedad tras otra, elegida entre sombras y dudas después de haberse roto el hilo constitucional–, ha sumido al país vecino en un más que preocupante caos e incertidumbre. Unas tinieblas en las que crecen silvestres los abusos y es cada vez más larga la lista de víctimas del régimen.

Lo ocurrido este fin de semana es una nueva prueba de lo anterior. Si es por las arbitrariedades, ahí tenemos la rocambolesca y no menos ilegítima destitución de la fiscal Luisa Ortega. Si es por los abusos, todos en las antípodas de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ahí está el trato dado a Leopoldo López y Antonio Ledezma. Tanto el reciente como aquel que los puso en condición de presos políticos luego de procesos plagados de irregularidades.

Pero esta vez conviene detenerse en la manera como la verdad se ha disuelto en un mar de desconfianza, lo cual es resultado inevitable cuando se rasga el tejido social. Tarea, esta última, en la que sí pueden reportar éxito quienes hoy tienen las riendas de la revolución bolivariana.

Se dijo el domingo pasado que un grupo de 20 militares, comandados por un oficial inactivo, el capitán Juan Caguaripano, se sublevó y asaltó una base militar en Valencia. Rápidamente neutralizado, el episodio sirvió para que desde Caracas se planteara que esta era una prueba –una más– de la conspiración fraguada contra el régimen desde Colombia y Estados Unidos.

Pero, a estas alturas, darle crédito a esa versión de los hechos es muy difícil, tanto como desenterrar la verdad desde el ejercicio del oficio del periodismo. La persecución contra los medios que no se han ubicado bajo el paraguas del oficialismo ha sido implacable. La oposición, marcando necesaria distancia de la supuesta intentona golpista, ha insistido –en evento que contó con la presencia de Ortega y otras caras del ‘chavismo crítico’– en que las armas no son ni pueden ser el camino.

En declaraciones a este diario, la abogada Rocío San Miguel ha dado su lectura: “ ‘Huele a falso positivo’ ” será “la excusa para una feroz persecución dentro de la Fuerza Armada”, siguiendo el ejemplo de la implacable purga que ha llevado a cabo otro lobo con piel de oveja: el líder turco Recep Tayip Erdogan.

En medio de la confusión asoman, sin embargo, dos hechos claros. Uno tiene que ver con lo decisivo del rol de los militares en la crisis venezolana. De ahí que muchos sostengan que en sus manos está que brille la luz al final del túnel; de ahí el tan comentado interés de Maduro en blindar la Fuerza Armada de voces disidentes.

La otra es el, por suerte, creciente consenso respecto a cuán desastroso sería que algún sector de la oposición cayera en la tentación de empuñar las armas. Todo lo demás es confusión. Zozobra que ojalá pronto llegue a su fin.

editorial@eltiempo.com.co

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