Una peligrosa ballena

Una peligrosa ballena

¿Qué es lo que lleva a los menores a buscar pertenecer a peligrosas comunidades virtuales?

27 de abril 2017 , 12:00 a.m.

Otra vez se han encendido las alarmas entre los padres de familia por culpa de la muy probable existencia de comunidades virtuales en las que se desafía a los menores a cumplir con una serie de retos. Esta vez como parte de un peligroso juego conocido como la Ballena Azul, con origen, al parecer, en Rusia hace dos años.

Aunque estos casos, cada vez más frecuentes, se prestan para que el voz a voz distorsione lo que de real pueda tener el fenómeno, los detalles de por lo menos tres casos de suicidios de adolescentes ocurridos en Colombia, sumados a, según algunas versiones, alrededor de 130 en más países que coinciden bastante con las características del macabro juego, obligan a reflexionar sobre lo que arrastra tan tétrico fenómeno.

Y aquí hay que decir que lo primero es responder a la pregunta de qué es lo que lleva a los menores a buscar pertenecer –a escondidas– a comunidades como aquellas en las que se encuentran con los perversos creadores de estos ‘juegos’. Gran parte de la atracción que estas ejercen obedece a la natural necesidad de infantes y adolescentes de ser reconocidos mediante la pertenencia a un determinado círculo: llámense seguidores de una banda, barra futbolera o, en el peor de los casos, pandilla. Y si este es cerrado, como al parecer es el caso aquí, pues mejor, mucho más fuerte el sentimiento de pertenencia e identidad común que aportan.

Luego viene otra pregunta: qué vacíos, temores o traumas hay en sus vidas que los hacen proclives a incurrir en estas conductas autodestructivas. No se puede perder de vista durante la crianza el interrogante de qué está pasando con la autoestima de nuestros niños, niñas y jóvenes.

Enfrentar estos nuevos y peligrosos desafíos no pasa tanto por la tecnología, sino por el afecto. Por la calidad de la comunicación que exista entre padres e hijos, para que los primeros estén suficientemente informados sobre las dudas, necesidades, temores y anhelos de sus pequeños. Trabajar en esto, un frente que exige esfuerzos diarios, es, lejos, la mejor manera de mantenerlos a salvo de los peligros de la red.

editorial@eltiempo.com

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