Una mirada necesaria

Una mirada necesaria

Si bien hay protocolos para intervenir la ambliopía, parece que solo les interesa a unos pocos. 

16 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

La pérdida de la visión de un niño por causas prevenibles es un desenlace imperdonable que toma ribetes punibles cuando, no obstante existir las herramientas, los encargados de evitarlo dejan de lado esta tarea.

Es el caso de la ambliopía –un mal en el que se pierde totalmente la vista por un ojo, que funciona menos que el otro–, en la que si bien se tiene uno de los protocolos técnicos oficiales más sólidos para intervenirla, este parece interesarles solo a unos pocos.

De hecho, el Ministerio de Salud, Colciencias y el Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud (Iets), en compañía de las sociedades científicas de Oftalmología, Pediatría y Optometría, además de algunas universidades, realizaron la más rigurosa guía de práctica clínica para la prevención, la detección, el tratamiento y el seguimiento de la ambliopía en menores de 18 años, la cual debe aplicarse en todos los niveles del sistema de salud y demás entidades que tengan niños a su cuidado.

Sin embargo, al parecer, este valioso esfuerzo no ha pasado de los anaqueles porque –con las excepciones de rigor– las instancias responsables de su aplicación lo desconocen o simplemente le dan la espalda; actitudes censurables si se tiene en cuenta que la mayoría de las acciones requeridas son tan simples como baratas.

Basta ver las falencias y ausencias en los tamizajes visuales y el seguimiento periódico que deben hacerse desde el nacimiento, así como la carencia de acciones sistémicas para los menores en riesgo, lo cual lleva a diagnósticos tardíos y tratamientos que muchas veces ya no tienen ninguna efectividad.

Ojalá que por estos días, cuando se conmemora el Día Mundial de la Visión, las autoridades sanitarias y de vigilancia pongan el ojo en esta situación, que puede acabar con la vista de hasta el 4 por ciento de los niños, con consecuencias que impactan en todos los aspectos de su desarrollo y los marcarán de manera irreversible para toda la vida.

Resultados de vergüenza, a sabiendas de que con medidas sencillas y sentido común pueden atenuarse.

editorial@eltiempo.com

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