Una licitación de cuidado

Una licitación de cuidado

La licitación debe estar rodeada de máximas garantías para los oferentes y una rígida veeduría.

26 de junio 2017 , 02:29 a.m.

La Alcaldía de Bogotá dio a conocer los prepliegos de una de las licitaciones más importantes para la ciudad: la del aseo. Es un proceso que estaba en mora de implementarse en aras de poner punto final a esa especie de informalidad con que se ha venido manejando el tema luego de decisiones que dejaron prácticamente sin exigencias el manejo de este servicio público por servidores privados y a una empresa estatal que se creó más con fines populistas que con espíritu competitivo.

Por lo que se deduce de los primeros anuncios, el modelo apunta a abordar de manera integral la recolección, el manejo y la disposición de desechos, el aprovechamiento de buena parte de estos y el mantenimiento de lo que se podría denominar áreas comunes de la capital, mediante barrido, poda, limpieza de paredes y fachadas, etc.

El cúmulo de intereses que rodean una licitación a ocho años y a un costo de 5 billones de pesos no es un asunto menor. Los hay desde el estamento político, blanco de toda suerte de cabilderos; de los propios empresarios, que por algún lado siempre hallan inconvenientes que tocan sus intereses, y de quienes buscan pescar en río revuelto a fin de beneficiar a unos u otros.

Confiamos en las bondades del proyecto. Bogotá necesita salir del limbo en que se encuentra en este frente y ver materializado el anhelo de tener una ciudad no solo más limpia, sino más consciente del papel que debemos jugar los ciudadanos al disponer mejor de los residuos recuperables, la cual es, a su vez, una forma de ayudar a la comunidad recicladora para que, por fin, se respete su condición y se garantice su supervivencia.

Para que ello sea posible, la licitación que se avecina debe estar rodeada de máximas garantías para los oferentes y de una rígida veeduría de los órganos de control, con el fin de que no quede margen de duda en cuanto a que estamos ante un proceso diáfano y conveniente para Bogotá. De algo han de servir las lecciones dejadas por megalicitaciones que cuando no terminan en escándalos de corrupción, resultan favoreciendo a todos, menos a la ciudadanía en general.

editorial@eltiempo.com.co

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