Una ley para la bicicleta

Una ley para la bicicleta

La ley 1811 del 2016 responde a nuevas realidades en el plano urbano, de movilidad y ambiental.

26 de octubre 2016 , 07:52 p.m.

En más de una ocasión, desde este mismo espacio, se ha mencionado la necesidad de que los esfuerzos que en materia de infraestructura se hacen para promover el uso de la bicicleta vengan acompañados de estímulos para motivar a más ciudadanos a optar por este medio de transporte.

La ley 1811 del 2016, que este miércoles sancionó el presidente Juan Manuel Santos, es, sin lugar a dudas, un paso en la dirección correcta sobre todo si asumimos que el objetivo de que cada vez sean más los biciusuarios en las ciudades repercute positivamente no solo en el bienestar de estos, sino de todos los demás habitantes de cada centro urbano, por razones ya expuestas que no viene ahora al caso retomar.

La misma fija estímulos razonables, como el de la media jornada de descanso que podrán recibir empleados públicos que acrediten 30 desplazamientos a su lugar de trabajo en bicicleta o el de la obligación para los entes estatales de adecuar biciparqueaderos en sus instalaciones. Bienvenida, de igual forma, la sanción –hasta hoy inexistente– que establece para conductas tan reprochables como estacionar un vehículo sobre una ciclorruta o bicicarril.

Asimismo, abre las puertas de los sistemas de transporte masivo a la bici, un asunto que en más de una ocasión fue señalado como neurálgico para el propósito en cuestión, acá también hay estímulos: un pasaje gratis por cada 30 veces que se ingrese a uno de estos sistemas como usuario de bicicleta. Acierta también al armonizar el Código Nacional de Tránsito con nuevos y bienvenidos paradigmas en materia de movilidad y seguridad vial que les dan al peatón y a los biciusuarios un lugar preponderante en la vía.

No hay duda, pues, de que se trata de una norma que responde a nuevas realidades y desafíos tanto en el plano urbano como en el de la movilidad y el ambiental. Su implementación, más que presupuesto, requiere de voluntad. Que esta norma y sus cambios no se queden en el papel es la tarea para todos aquellos movimientos y colectivos que desde hace ya varios años trabajan para promover la bicicleta. Esta ley es, además, una justa conquista de ellos.

editorial@eltiempo.com

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