Editorial: Una deuda pendiente

Editorial: Una deuda pendiente

Las barreras de acceso a la salud siguen ensañándose contra los niños con cáncer en Colombia.

15 de febrero 2017 , 07:57 p.m.

Saber que en el país cada año habrá 2.200 niños nuevos con cáncer y que al menos la mitad de ellos morirán, cuando muchos podrían sobrevivir, es una situación intolerable que merece ser denunciada justo en la semana que el mundo se dedica a hablar de este mal.

Aunque las condiciones en el sistema de salud han mejorado ostensiblemente en términos de cobertura, disponibilidad de métodos diagnósticos e inclusión de las últimas tecnologías en el campo terapéutico, las barreras de acceso siguen ensañándose contra esta población y multiplican el sufrimiento innecesario para estos pacientes y sus familias.

Diagnósticos tardíos, fragmentación en la atención y la falta de continuidad en la administración de medicamentos –sumados a las brechas regionales y entre grupos de población– confluyen para generar desenlaces lamentables que –por ejemplo, en el caso de las leucemias, que es el tipo de cáncer más frecuente en esta edad– terminan con la vida de 500 niños anualmente y al menos 400 podrían tener mejor pronóstico. La referencia es simple: en países que disponen de los mismos recursos, la tasa de curación es del 80 por ciento.

Lo paradójico es que sus derechos los protege la misma Constitución Nacional. Hay una ley específica (1388 de 2010) generada para reglamentar la prestación de servicios a los menores afectados por este mal.

Fácil sería decir que se va por buen camino, pero pese a las acciones de muchas organizaciones, como el Observatorio Interinstitucional de Cáncer Infantil (Oici) –luchadora de todas las horas a favor de estos niños–, lo cierto es que el sistema de salud sigue en deuda con la infancia de este país.

No obstante los esfuerzos que colectivamente se han hecho para disponer de los elementos necesarios para atenuar el flagelo, persisten fallas en la articulación entre actores, carencia de redes de atención, fragilidad en la capacidad de los profesionales para identificar temprano estos tumores y, con excepciones loables, insensibilidad en algunos responsables de garantizar la atención.

Hay reconocidos esfuerzos, es verdad, pero la tarea tiene que mejorar como un todo. Ojalá el próximo año, por estas fechas, el cáncer infantil en Colombia se cuente en términos de sobrevivientes y no de muertos.editorial@eltiempo.com

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