Una convocatoria impresentable

Una convocatoria impresentable

La postura según la cual un muro debe separar la vida privada del desempeño público es un retroceso.

27 de marzo 2017 , 03:20 a.m.

Cuando en agosto del 2011 el entonces técnico de la Selección Colombia de fútbol, Hernán Darío Gómez, agredió en público a una mujer y por tal razón se desató una ola de presión desde el mismo Gobierno, que terminó en su destitución del cargo, muchos creyeron que el país había pasado la página de la tolerancia hacia ese tipo de conductas, así estuviera de por medio un logro de trascendencia nacional, en ese caso la clasificación a Brasil 2014.

Pero la reciente convocatoria del lateral Pablo Armero –que en mayo del año pasado fue detenido en Estados Unidos tras agredir violentamente a su pareja–, las declaraciones del técnico Néstor Pékerman que justificaron esta decisión y la manera como un sector de la opinión ha reaccionado ante las voces de mujeres –lideradas por la periodista Andrea Guerrero–, que se oponen a que a este futbolista se le conceda la distinción de vestir los colores patrios, demuestran lamentablemente que esto no es así.

Para ser claros: el rechazo a la violencia contra las mujeres es un valor superior. No tiene presentación que el talento de Armero y la eventual necesidad del técnico de contar con él en el equipo como ficha clave para lograr la clasificación a Rusia 2018 primen sobre el imperativo de sentar un precedente en términos de la sanción social, cuando no procede la penal, en los casos en que una figura pública incurre en una conducta así. Esto, por no señalar el doble rasero tanto del ente federativo como de quienes, incluso desde el Estado, presionaron aquella vez, con razón, la salida de Gómez y que hoy pasan de agache.

Así como en el 2011 se conformó un coro que rechazaba la conducta del entonces entrenador, hoy parece mayoritaria la postura según la cual un muro blindado debe separar la vida privada del desempeño público de personajes como Pablo Armero. Esto, además de inaceptable, es un lamentable retroceso. Y mucho lo lamentamos, pues en dirección contraria apunta la iniciativa ‘No es hora de callar’, liderada por la periodista Jineth Bedoya y respaldada por esta Casa Editorial, con el apoyo de ONU Mujeres.

Para concluir, no es de ninguna manera tolerable que, puestos en la balanza, la búsqueda de logros deportivos pesen más que el propósito de toda una sociedad por afrontar y terminar con el grave flagelo de la violencia por razones de género.editorial@eltiempo.com.co

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