Un vaso medio vacío

Un vaso medio vacío

El 2017 no fue bueno para la economía colombiana, cuya expansión sería de las más bajas del siglo.

29 de diciembre 2017 , 12:00 a.m.

A medida que avanza la cuenta regresiva y los colombianos se aprestan a escuchar el tañer de las doce campanadas que marcan el final del año, muchos tendrán motivos para mirar con nostalgia cómo se va volando la última página del calendario. Sin embargo, al menos en un caso, es poco probable que el 2017 despierte buenas reminiscencias: se trata del devenir de la economía colombiana, cuyo tránsito en estos meses resultó ser, por decir lo menos, desafiante.

Las propias cifras oficiales confirman esa apreciación. Al cierre del primer semestre, el marco fiscal de mediano plazo hablaba de un aumento del 2,3 por ciento en el producto interno bruto, que ya distaba de las apuestas originales. Hace pocos días, el Ministerio de Hacienda señaló que esa expansión sería apenas del 1,8 por ciento, uno de los peores guarismos del siglo.

Que las cosas no son fáciles es un sentimiento compartido por múltiples sectores. Industriales y comerciantes hablan de presupuestos de ventas que no se cumplieron debido a la escasa dinámica de la demanda. Ramos como el edificador o la minería añoran el dinamismo de otras épocas, mientras que los transportadores señalan que hay más camiones que carga para llevar de un lado a otro.

La confianza acabó siendo el gran lunar que influyó en forma negativa sobre el comportamiento del consumo de los hogares y
la inversión.

Claro que hay excepciones. La agricultura experimentó un repunte importante, de la mano de un comportamiento adecuado del régimen de lluvias. Tampoco le fue mal al turismo, que sigue rompiendo las marcas existentes de visitantes internacionales, mientras los colombianos se aventuran cada vez más a viajar por su país, ya sea por tierra o por vía aérea.

Aun así, no hay duda de que el ambiente se siente pesado. Ello se ve en los índices de confianza del consumidor, que arrancaron el año con los peores niveles desde cuando se comenzó a medir dicho indicador y todavía se encuentran en terreno negativo.

Decisiones como la de aumentar la tarifa del IVA en tres puntos porcentuales pesaron mucho en el ánimo colectivo, pero no fueron el único factor que influyó sobre el pesimismo. Los escándalos de corrupción, que empezaron con las revelaciones en torno a los sobornos de Odebrecht, llegaron hasta los más altos círculos de la justicia, como lo prueba la existencia del llamado ‘cartel de la toga’, golpeando el prestigio de las instituciones.

A lo anterior se suman la incertidumbre derivada de la implementación de los acuerdos de paz y el encono de una oposición que no dudó en usar los preceptos de la posverdad para tratar de convencer a la ciudadanía de que vamos por muy mal camino. Las encuestas mostraron que si bien los colombianos ven favorablemente su situación personal y familiar, no ocurre lo mismo con su percepción del país, lo cual se sintió en las compras de los hogares y el ritmo de las inversiones empresariales.

Comenzar a ver el vaso medio lleno y no medio vacío es crucial para que la economía tome un segundo aire el año que viene. La baja de la inflación o el alza en los precios del petróleo son un aliciente a la hora de esperar que las cosas vayan mejor, pero sobre todo se requiere que la confianza perdida se recupere. Solo así podremos dejar atrás las sombras de este 2017, que está a punto de pasar a la historia.

editorial@eltiempo.com

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