Un tema mayor

Un tema mayor

El aumento de la violencia sexual tiene que generar ya una movilización nacional.

25 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

El diagnóstico, que se reveló en la antesala del día nacional por la Dignidad de las Víctimas de Violencia Sexual, que se celebra hoy, no lo hace cualquiera. Apoyado en las alarmantes cifras de los delitos sexuales en Colombia, el director del Instituto de Medicina Legal, Carlos Valdés, fue claro en su declaración a este diario: vivimos en una sociedad enferma.

Los números muestran que desde el 2013, 63 personas acuden cada día a este instituto como víctimas de una de estas brutales conductas. Hasta aquí el panorama ya es bastante sombrío. Pero este se hace mucho más aterrador al saber que nueve de cada diez de estas personas son menores de edad. En el lapso en cuestión se produjeron 12.400 ataques contra niños y niñas menores de 4 años. Con estos datos es imposible no darle la razón al doctor Valdés.

En esta materia es claro que hay matices que surgen de avances en la dirección correcta. Hoy hay mayor conciencia sobre lo inaceptable y delictivo de diferentes conductas que por décadas fueron asumidas, incluso, como banales en las familias. También viene en aumento la disposición de las autoridades para atender de la manera debida este tipo de denuncias: hoy contamos con protocolos y hojas de ruta que eran inexistentes hace apenas una década.

Los esfuerzos en otros campos por un país mejor pueden ser en vano si no se hace algo para detener la violencia en la familia.

Pero estos avances están lejos de ser suficientes para dar un parte de alivio. Todo lo contrario: el estudio revelado por esta entidad tiene que prender todas las alarmas, pues los delitos sexuales en el 2017 alcanzaron un tope histórico. Para el lapso entre enero y abril del año en curso, la cifra es también mayor comparada con la del mismo periodo del año pasado. Es un flagelo en aumento y con una serie de agravantes que repugnan más: al abuso sexual contra los niños se le han sumado maltrato físico y sicológico, desnutrición, malas condiciones de higiene, y lo que en últimas contiene la nuez del problema: privación afectiva. Y la justicia se queda corta: apenas hay intervención de esta en 17 de cada 100 casos. Algo sencillamente impresentable.

Este es, que no quede duda, uno de los más serios desafíos que enfrenta nuestra sociedad. Claro que hay que fortalecer la justicia y seguir dotándola de herramientas para que quienes se acerquen a ella encuentren respaldo y eficacia antes que revictimización, procurando que exista una política criminal coherente más que esfuerzos aislados; procurando que quienes han sido condenados por abusar de niños o niñas permanezcan el tiempo de su condena tras las rejas. En este sentido, también preocupa el dato revelado por la Fiscalía según el cual el año pasado cerca de 500 sindicados de estos delitos salieron de nuevo a las calles al no haber avances en sus procesos. Pero este no puede ser el único frente.

Y entre ellos hay uno que es el decisivo: el del afecto. Dice con razón Valdés: “Los principales agresores (de niños y niñas) son los que los deben amar”. Y es que hay algo cierto y muy preocupante: la peor de las violencias se ha instalado en miles de familias colombianas. Si no se actúa para que esto cambie, los esfuerzos en otros frentes para tener un país mejor pueden ser en vano. Así de simple. Y así de grave.

editorial@eltiempo.com

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