Editorial: Un mal trimestre

Editorial: Un mal trimestre

El peor desempeño le correspondió al área de minería y petróleo, con un declive del 6,1 por ciento.

25 de noviembre 2016 , 08:43 p.m.

Todas las señales disponibles apuntaban hacia un menor crecimiento de la economía colombiana en el tercer trimestre del 2016. Sin embargo, la realidad resultó ser todavía peor que los pronósticos, tal como lo reportó el Dane este viernes.

Y es que, según la entidad oficial, el crecimiento del producto interno bruto entre julio y septiembre apenas llegó al 1,2 por ciento en comparación con igual lapso del 2015, la tasa más mala en cerca de siete años. Cualquier duda que hubiera sobre la presencia de una notoria ralentización en las más diversas actividades quedó disipada por las estadísticas.

Con excepción de la construcción, impulsada por las edificaciones, el balance de los demás segmentos es inquietante. Cuatro sectores de nueve a los que se les hace seguimiento mostraron números en rojo, mientras que otros cuatro permanecen en negro, pero a un ritmo más lento.

El peor desempeño de todos le correspondió al área de minería y petróleo, con un declive del 6,1 por ciento. La caída en la extracción de crudo, como consecuencia de lo sucedido con los precios de los hidrocarburos, es la principal responsable, aunque no la única. Se confirma así que la bonanza que en su momento nos dejó la impresión de habernos ganado la lotería pertenece a la historia.

También le fue mal al ramo agropecuario, con una disminución del 1,7 por ciento. Aquí la mayor culpa les correspondió al café y a otros cultivos permanentes. Llama la atención que, en contraste con los anuncios gubernamentales y de planes como Colombia Siembra, los números del campo siguen mal.

Parte del tropezón del semestre pasado es explicada por el paro camionero que afectó múltiples actividades a comienzos del segundo semestre. Comercio, transporte e industria se encuentran entre los damnificados, pues, una vez ocurrido el impacto inicial, la reactivación que compensaría el cese de actividades no se vio.

Los especialistas señalan que la demanda interna –que es el gran motor de la economía– ha perdido vigor. Es verdad que las cifras de empleo muestran una mejora en comparación con el 2015, pero la gente parece reacia a abrir sus billeteras. En septiembre, las ventas de los almacenes cayeron en 10 de 15 categorías, desde carros hasta artículos de ferretería.

Al tiempo que eso pasa, la estrechez de las finanzas públicas se ve en menos consumo del Gobierno. El cambio en alcaldías y gobernaciones tampoco ayuda, pues los mandatarios regionales se demoran en aprender cómo ejecutar sus presupuestos.

Para completar, las exportaciones nada que levantan cabeza. Cuando se produjo la devaluación del peso, surgió la esperanza de aumentar nuestras ventas al exterior, pero entre la mala situación de los vecinos y la mediocre salud de la economía global, no hay mucho que hacer.

Así las cosas, es ilusorio pensar que la realidad va a ser muy diferente en los meses que vienen. Es probable que la última parte del 2016 sea un poco mejor, si bien a estas alturas nos podríamos dar por bien servidos si el país crece por encima del 2 por ciento en el año. Ello obliga a que se tomen decisiones responsables aunque impopulares, como la reforma tributaria. Porque el margen para cometer errores no existe.


editorial@eltiempo.com

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