Un crimen aberrante

Un crimen aberrante

En Colombia, la trata de personas parece no conmover ni al aparato de justicia.

03 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

La trata de personas es el mercantilismo, el comercio con seres humanos a quienes se les coarta su libertad y se les vejan sus más elementales derechos; se los explota con fines sexuales o laborales, sin importar su edad, raza, cultura ni género. De ahí que el papa Francisco la haya calificado como “una nueva forma de esclavitud”, la cual incluye el trabajo forzado, la prostitución, el tráfico de órganos, todos ellos crímenes graves a la luz de las normas internacionales.

Estas manifestaciones tienen como trasfondo la amenaza, el uso de la fuerza, el engaño y el aprovechamiento de las personas en condición de extrema vulnerabilidad. Es lo que viene sucediendo –para no ir muy lejos– en el caso de mujeres provenientes de Venezuela: muchas de ellas terminan en redes de prostitución en nuestro país porque, a su vez, hay un explotador que se aprovecha de sus circunstancias.Otra forma de explotación que vemos a diario es el trabajo infantil o la proliferación del llamado turismo sexual en varias ciudades colombianas.

Es preocupante la incapacidad de la justicia para hacerle frente a un fenómeno considerado el tercero más lucrativo del mundo

Más preocupante aún resulta la incapacidad de la justicia para hacerle frente a un fenómeno considerado el tercero más lucrativo del mundo y que afecta, en particular, a mujeres y niñas de entre 12 y 26 años. Se estima que puede mover alrededor de 34.000 millones de dólares al año, según acaban de revelar en un informe la Cancillería y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Siempre hay que volver sobre el problema para advertir que está lejos de desaparecer. Por el contrario, en los últimos cuatro años se atendieron 259 episodios de colombianos víctimas de trata de personas, mayoritariamente relacionados con explotación sexual y laboral. En lo que va del 2017, Bogotá registró 17, y en todo el 2016 se elevaron 30 denuncias al respecto.

El de la trata de personas es un delito que suele pasar inadvertido para el grueso de los ciudadanos, pues no solo es difícil de detectar –por ejemplo, la mendicidad, una forma de explotación con la cual se convive y patrocinada a diario–, sino que hay un subregistro de casos, pues, por lo general, las víctimas se sienten vulnerables y desamparadas ante la situación.

De ahí la importancia del concurso de la sociedad para poner en evidencia situaciones como las descritas. Máxime cuando los escenarios propicios para semejante actividad pueden ir desde el colegio hasta las terminales aéreas y terrestres, las estaciones de TransMilenio –en Bogotá– o las universidades.

En ese sentido, merece resaltarse la campaña ‘Hagamos un trato: Bogotá sin trata’, recién implementada por la Alcaldía para prevenir este flagelo, brindar asesoría a las víctimas y perseguir las redes que comercian con ellas.

La iniciativa recibirá el acompañamiento de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en aras de generar una mayor conciencia entre los ciudadanos acerca de un crimen aberrante, soterrado e impune la mayoría de las veces. No debemos olvidar que detrás de la trata está en juego no solo la dignidad de la víctima, sino el bienestar de su familia y de la comunidad en su conjunto.

- editorial@eltiempo.com

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