Editorial: Un buen paso en Buenos Aires

Editorial: Un buen paso en Buenos Aires

La ciudad resolvió imponer multas hasta de mil pesos, unos 60 dólares, al acoso sexual callejero.

11 de diciembre 2016 , 10:48 p.m.

En estos días de noticias trágicas sobre atropellos a las mujeres, alivia un poco el ánimo el saber que algo se hace por erradicar el machismo, siempre dañino; por imponer, así sea mediante castigos económicos, normas de convivencia y de respeto hacia ellas.

Buenos Aires tomó la semana pasada una decisión importante. En la capital argentina, la legislatura de la ciudad resolvió imponer multas hasta de mil pesos, que allí equivalen a unos 60 dólares, al acoso sexual callejero, de toda índole. “Comentarios sexuales directos o indirectos al cuerpo; fotografías y grabaciones no consentidas a partes íntimas; persecución o arrinconamiento; masturbación y exhibicionismo”. En fin, el castigo al acoso sexual público –y privado, debería ser– es, según la norma, contra “todo acto que afecte la dignidad y el derecho a la integridad física o moral”.

Hay que aplaudir este propósito porque cada paso que se dé en tal sentido, así sea como insistencia para crear conciencia, para persuadir a los patanes, es muy valioso. Es buscar, aunque sea a la fuerza, una cultura del respeto a la mujer. Y es que si por aquí llueve, en otras partes hay vientos de tormenta. En lo que va de este año, por casos de violencia de género, han sido asesinadas 175 mujeres en el país de Mafalda.

Y según un estudio de Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), al 37 por ciento de ellas un hombre les mostró sus partes íntimas, el 47 por ciento fueron seguidas por un hombre en la calle y el ciento por ciento sufrieron algún tipo de acoso en la vía pública.

Lo triste e inquietante es que no es solo Buenos Aires, sino varios países latinoamericanos y sus ciudades grandes. Bueno, habría que aterrizar en el transporte público de nuestra Bogotá, donde hay esfuerzos policiales y se ha intentado, inclusive, tener rutas solo para ellas, porque es una vergüenza el ultraje de unos desadaptados contra las mujeres.

Ojalá funcione en Buenos Aires la medida. Y que, si hay lugar a ello, se copie. Y se castigue, dependiendo de cada caso, con detención a los agresores. O se los trate. Pero el hecho es no seguir de brazos cruzados ante esta forma cotidiana de agresión. Que no es romántica, es violencia.

editorial@eltiempo.com.co

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