Editorial: Un alivio y un primer paso

Editorial: Un alivio y un primer paso

Persiste la incertidumbre sobre si será posible regresar a tiempos felices en la frontera venezolana

12 de agosto 2016 , 08:38 p.m.

Cualquier escenario diferente al de una frontera cerrada entre dos países hermanos es positivo. No hay duda respecto a que mantener clausurados los pasos fronterizos, amén de aquellos de carácter informal, era el peor de los mundos posibles para Colombia y Venezuela, claro, pero sobre todo para los habitantes de la zona fronteriza.

Las contundentes y estremecedoras imágenes de miles de venezolanos que esperan acudir a Cúcuta en busca de productos básicos, que se registraron en los fines de semana durante los cuales se autorizó el paso –se calcula que fueron más de 150.000 los que cruzaron–, no solo tuvieron que ver en esta determinación, sino que enviaron un mensaje contundente sobre la difícil situación que se vive de ese lado. Sobre todo, mostraron la necesidad de tomar medidas para permitir que desde Colombia se pueda ayudar a que la crisis de abastecimiento de productos básicos no golpee tan duro a los hogares de esta parte del país de Nicolás Maduro. Dicho esto, hay que hacer un llamado a ubicar en un marco de realidad el anuncio conjunto de ambos presidentes el jueves pasado.

Y este nos indica que el acuerdo logrado, a saber: una reapertura gradual, para paso peatonal en cinco puntos limítrofes, representará, más que la reactivación del comercio binacional a los niveles que alcanzó en sus mejores tiempos, como en el 2008, cuando superó los 7.000 millones de dólares anuales, un alivio humanitario para los habitantes de la zona de frontera y en particular para los del lado venezolano.

Pero que la repercusión de esta decisión se limite a este contexto no impide verla como un primer paso rumbo a objetivos más ambiciosos. Es una hoja de ruta que pasa, si se quieren lograr nuevos avances, por ponerle freno al azote del contrabando, en un esfuerzo que debe incluir una depuración de aquellos miembros de las fuerzas del orden que, como es vox populi en el área, facilitan dicha conducta ilegal.

En este sentido se anunció un ambicioso esfuerzo conjunto entre autoridades de ambos países, además de un puñado de medidas para ejercer un control más estricto. Anuncios que no dejan duda sobre la disposición compartida a encontrar una salida, algo que hay que valorar, dado que ha habido momentos en los que incluso tal voluntad ha faltado. A ella se le deben sumar participación de las autoridades locales y un fortalecimiento de las instituciones de este orden.

También es fundamental desatar el nudo gordiano que supone la diferencia en el valor de la gasolina, motor de su comercio ilegal. Una vez más surge la propuesta de que PDVSA instale estaciones de servicio en territorio nacional, que, sobre el papel, parece sensata.

Después habrá que resolver las enormes dificultades que hasta hoy subsisten en cuanto a condiciones de pago, obstáculo del que surge un reto crucial: reconstruir la confianza a nivel empresarial. Estos son quizás los dos requisitos primordiales para que el país vecino vuelva a ser uno de los principales socios comerciales de Colombia. La pregunta obligada es hasta qué punto estas dependen de cambios estructurales. Incertidumbre que no impide saludar este nuevo acuerdo, una renovada esperanza para los pueblos hermanos.

editorial@eltiempo.com

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