Editorial: Un activo por otro

Editorial: Un activo por otro

Al vender acciones de la EEB, se entregan a Bogotá las avenidas decentes que sus habitantes exigen.

10 de noviembre 2016 , 07:39 p.m.

En medio de la avalancha de titulares que acompañó la elección de Donald J. Trump como nuevo presidente de Estados Unidos, otras noticias pasaron a segundo plano. Entre ellas se destaca la autorización, otorgada el martes en la noche por el Concejo de Bogotá, para que la Alcaldía venda el 20 por ciento de las acciones que la ciudad posee en la Empresa de Energía (EEB).

De acuerdo con el Palacio Liévano, el propósito central de la operación es ayudar a financiar un ambicioso programa de desarrollo de infraestructura vial que servirá para corregir el inmenso atraso que tiene el Distrito. Los 3,5 billones de pesos que se recibirían para enajenar la participación mencionada harían viable un plan de inversiones cercano a los 21 billones de pesos, concentrado en desembotellar las salidas y entradas de la urbe, al igual que la expansión del transporte masivo.

Al respecto, los opositores de la idea sostienen que es equivocado vender un paquete accionario que se ha valorizado y les genera dividendos a las arcas capitalinas. Desde ese punto de vista, sería un mal negocio sacrificar una renta a perpetuidad, argumentos similares a los que se escucharon cuando la Nación se desprendió de Isagén, a comienzos del año.

No obstante, es difícil comparar los dos casos. Para comenzar, la ciudad seguiría siendo el dueño mayoritario de la EEB, al poseer todavía el 56 por ciento del capital. Más importante aún es que la entrada de un nuevo socio externo permitiría mejorar los sistemas de gobierno corporativo, con el fin de que la compañía siga por su senda de crecimiento, disminuyendo su exposición a las presiones políticas o los vaivenes de la administración de turno.

Es claro que la entidad va por buen camino. Aparte de su participación en Codensa y Emgesa, cuenta con operaciones de transmisión eléctrica en Colombia, Perú, Brasil y Guatemala. Tampoco es menor su red de gasoductos, la cual desarrolla en Colombia y Perú. Se trata, entonces, de una verdadera ‘multilatina’, que, a punta de profesionalismo y visión de largo plazo, seguirá formando parte del patrimonio de los bogotanos.

Por otro lado, vale la pena tener en cuenta que la rentabilidad social de las obras que se piensan adelantar es muy grande. A nadie le cabe duda de que la movilidad es uno de los principales dolores de cabeza de los bogotanos, ni de que el costo de los atascos se traduce en millones de horas laborables perdidas, menor productividad, deterioro ambiental y peor calidad de vida.

Además, hay que tener en cuenta el efecto inmediato que las obras tendrían sobre la economía, en términos de generación de empleo y actividad productiva. Una vez se entreguen las vías, será posible atraer inversiones que hoy prefieren otros sitios en donde el tránsito fluye.

Completar la venta de las acciones de la EEB tomará cerca de seis meses, debido a los requisitos que exige la ley. En ese intervalo, es deber de la Alcaldía asegurar que los proyectos que se vayan a construir queden bien estructurados, con el fin de evitar los errores del pasado. Insistimos: no solo no se pierde un activo valioso, sino que, lo más importante, se entregan a Bogotá las avenidas decentes que sus habitantes exigen y merecen.

editorial@eltiempo.com

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