Trompetas de guerra

Trompetas de guerra

Las medidas comerciales de Trump contra sus aliados hacen más inseguro el mundo.

03 de junio 2018 , 12:45 a.m.

Han pasado casi 500 días desde cuando Donald Trump recibió las llaves de la Casa Blanca y el mundo todavía no se acostumbra al carácter imperioso e impredecible del mandatario. Así lo comprobaron un par de hechos la semana pasada: sus ires y venires frente a la cumbre con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, que otra vez está programada; y la decisión de imponerles aranceles a los bienes de acero y aluminio provenientes de Canadá, México y la Unión Europea, sus principales socios.

Aunque no hay duda de que llegar a un entendimiento con Pionyang es clave para la paz mundial, son inquietantes las salvas disparadas en el campo económico. La posibilidad de una guerra comercial en la cual unos y otros comiencen a erigir barreras de todo tipo es la más elevada desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Así suene grandilocuente, dicha actitud socava las bases de un sistema de libre intercambio sobre el cual descansan los avances que permitieron llevar la pobreza al punto más bajo en la historia de la humanidad.

Hasta ahora, la manera de responder las medidas unilaterales de Washington ha sido usar la misma moneda. En Ciudad de México y Ottawa se castigaron una serie de artículos ‘Made in USA’, sobre todo aquellos que salen de las zonas geográficas que en las elecciones de noviembre de 2016 votaron por el candidato del Partido Republicano. La Unión Europea sigue evaluando su respuesta, pues sus integrantes no se han puesto de acuerdo sobre cuál será, así sea evidente que no se quedará con los brazos cruzados. China, que ya salió afectada, alista baterías.

A la fecha, no se puede hablar de una gran conflagración, sino de escaramuzas. Las partidas arancelarias afectadas por impuestos de importación representan todavía una fracción minoritaria de lo que venden y compran del otro los países mencionados. Sin embargo, el problema es que este tipo de hostilidades se sabe cómo comienzan, no cómo terminan. Los académicos todavía recuerdan que la gran depresión de los años treinta del siglo pasado acabó siendo más profunda cuando a ambos lados del Atlántico soplaron los vientos del proteccionismo.

Una oleada de mayor proteccionismo incidiría negativamente sobre la marcha de la economía global y se sentiría en las más diversas latitudes, incluyendo a Colombia

No menos importante es la pérdida de confianza entre quienes se han considerado aliados. El tono de Justin Trudeau, el primer ministro canadiense, tras enterarse de lo hecho por su vecino del sur, era el de alguien que se sentía traicionado. En lo que atañe al Viejo Continente, la actitud también era sombría, porque todo apunta a que en una fecha no muy lejana el objetivo será la industria automotriz.

Rota la fe mutua, la inquietud es cómo se negocia con alguien que cree que la diplomacia comercial opera como en el ámbito empresarial, en el que un bando se planta duro con el fin de que el otro se flexibilice y acepte llegar a un punto mutuamente conveniente. Semejante actitud a veces funciona, pero hay que tener en cuenta sensibilidades diferentes que van más allá del dinero y tocan la fibra de principios como la soberanía.

Un ejemplo de lo que puede ocasionar la actitud de Trump está presente en México. Si las encuestas tienen razón, Andrés Manuel López Obrador llegará a la mansión presidencial de Los Pinos, tras los comicios del primero de julio. Un triunfo en el tercer intento podrá atribuírsele en parte al manejo displicente de Washington, pues el candidato del partido Morena –nacionalista y populista– es visto por la ciudadanía como el más indicado a la hora de plantársele al Coloso del Norte. Puesto de otra manera, aquí volvería a operar la tercera ley de Newton, según la cual “a cada acción siempre se opone una reacción igual”.

En consecuencia, la administración republicana está jugando con fuego. Si la guerra comercial se declara, ello golpearía la marcha de la economía global, afectando a ricos y pobres. Colombia, que también es víctima del alza en los aranceles del acero y el aluminio, no podría salir indemne de la confrontación y debe pensar muy bien cómo debería jugar sus cartas, manteniendo siempre la cabeza fría.

Lo irónico del preocupante escenario es que no hay razón que justifique pasar a la ofensiva. El viernes se conoció que el desempleo en Estados Unidos se ubicó en su punto más bajo en 18 años: 3,8 por ciento. Es verdad que parte de la ciudadanía en ese país culpa a la globalización de sus desdichas, pero mayores tributos a las importaciones no son la solución. Los expertos señalan que la cuenta la acabarán pagando los consumidores aquí y allá, mientras el peligro de nuevos choques aumenta.

Y esas diferencias hacen al mundo más inseguro, en todos los sentidos. Aparte de la actitud arrogante de Trump, está el peligro del unilateralismo. El mismo que puede llevar a cada uno a tratar de defenderse por sí solo, algo absurdo en un planeta que todos compartimos y requiere de la cooperación internacional. Esa que no enseñan en las escuelas de negocios.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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