Temer se aferra al poder

Temer se aferra al poder

El presidente de Brasil debe saber que mucho va de la legalidad de su permanencia a la legitimidad.

30 de junio 2017 , 12:00 a.m.

En los últimos meses, el final de una crisis política en Brasil ha marcado el comienzo de una nueva en un encadenamiento irónicamente armonioso. No habían cesado los ecos del escándalo que produjo la movida política que sacó del poder a Dilma Rousseff cuando empezaron los señalamientos por corrupción contra su sucesor, Michel Temer. Como si estos dos no fueran suficientes, de forma paralela han estado desarrollándose los escándalos de Lava Jato y Odebrecht.

Varias semanas completa ya esta nueva novela. Su más reciente capítulo es la acusación de la Fiscalía a Temer por el delito de corrupción pasiva. Se basa, sobre todo, en la grabación de una conversación suya con el empresario Joesley Batista, cabeza del grupo empresarial cárnico JBS, que aporta elementos para concluir –según el fiscal a cargo del caso, Rodrigo Janot– que hubo cobro de sobornos a este hombre de negocios. Hecho delictivo en el que habría tenido que ver, por acción u omisión, el actual inquilino de Planalto. Es el primer mandatario del país vecino acusado de cometer un delito. Su antecesora y Fernando Collor de Mello –el otro mandatario brasileño que desde la restitución de la democracia no terminó su período– tuvieron que abandonar el cargo luego de un impeachment, es decir, un proceso de carácter político.

Temer

El presidente brasileño, Michel Temer (c), fue acusado de soborno por la Fiscalía ante el Tribunal Supremo. Las denuncias fueron calificadas por el mandatario como "ficción".

Foto:

REUTERS

Lo cierto es que para que Temer sea procesado requiere una votación en la que dos tercios del Congreso den el visto bueno, requisito al cual hoy se aferra como su última tabla de salvación. Pero es una tabla de muy dudosas calidades, toda vez que una parte importante de estos congresistas están, a su turno, siendo investigados también por corrupción. Quizás consciente de ello, ha apelado a la vieja máxima del ataque como mejor defensa y la ha emprendido contra su acusador sugiriendo, en alocución transmitida a toda la nación, que obedece a intereses oscuros.

Puede que Temer encuentre un camino dentro de la legalidad para terminar el período, si es que no aparecen nuevas evidencias en su contra. Pero debe saber que mucho va de la legalidad de su permanencia a la legitimidad. Y no solo de su mandato, sino de toda la institucionalidad de un país que merece un relevo integral de su clase dirigente.

- editorial@eltiempo.com

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