Sugerencia saludable

Sugerencia saludable

Criterios técnicos deben prevalecer en el manejo de la salud para proteger los logros alcanzados.

08 de julio 2018 , 11:30 p.m.

Un vistazo a las encuestas previas a las elecciones presidenciales era suficiente para advertir que la salud era uno de los temas que más preocupaban a los colombianos. Aun así, ni en las entrevistas a los candidatos ni en los publicitados debates mereció un despliegue proporcional a la importancia que los ciudadanos le daban. Al final, los eslóganes y el tratamiento de los síntomas de la crisis, mas no de las causas, dominaron la precaria discusión.

Más allá de los señalamientos, la situación también puede explicarse en una palabra: ‘complejidad’; una condición que genera alto temor a la equivocación y, en consecuencia, incentiva las evasivas.

Termina un gobierno que, valga decirlo, encaró el asunto con entereza. Con una autoridad ética e intelectual notable, el ministro Alejandro Gaviria atenuó la pugnacidad y devolvió buena parte de la confianza perdida en un sector en el cual la voracidad privada y la cuota politiquera amenazaban la supervivencia de un bien público.

A falta de mejores propuestas, bien haría el nuevo gobierno si preserva y fortalece estos preceptos y, de paso, sus principales logros.

La Ley Estatutaria de Salud –como la bitácora que es– tiene que continuar su gradual implementación. La creación de un proceso para la exclusión de servicios y tecnologías que no aportan nada a la salud ya arrojó sus primeros resultados, pero de nada sirve si no se le da continuidad. El derecho fundamental a la salud no puede satisfacerse plenamente en un contexto de derroche de recursos.

El control directo de los precios de los medicamentos debe robustecerse con estrategias alternas que ya quedaron andando, como las negociaciones centralizadas de medicamentos y el estímulo a la competencia de genéricos y biosimilares.

Quien llegue a la cartera deberá tener claro cómo eliminar la salud del podio de los problemas. No hay margen para improvisar

Todas las iniciativas a favor de la transparencia que ya están en marcha requieren un seguimiento estricto. El nuevo gobierno debe mantener la mirada atenta a las tendencias de prescripción de medicamentos por fuera del plan de beneficios, motivar a las asociaciones de pacientes a cumplir su promesa de revelar sus fuentes de financiación, instar a los laboratorios farmacéuticos a que actualicen sus códigos de ética y asegurarse de que estos revelen a qué profesionales de la salud les hacen pagos.

El nuevo gobierno recibe el campo, en buena medida, allanado para la implementación de un modelo de atención que equilibre la prevención y la curación y se proyecte a la comunidad con equidad, calidad y oportunidad. Más que revolucionar el Modelo Integral de Atención en Salud (Mias), se requiere perfeccionarlo a partir de la experiencia en el terreno.

El llamado al presidente electo es urgente. Seguir evadiendo la complejidad no es una buena salida. Quien llegue a la cartera deberá tener claro cómo eliminará la salud del podio de los problemas y cómo aterrizará en un sector que no permite improvisaciones.

Cualquier equivocación desde el comienzo puede tener desenlaces funestos. Tomar partido por el manejo profesional y no por las cuotas políticas sería un buen punto de partida.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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