Solo gestos de guerra

Solo gestos de guerra

El Eln ha demostrado en estos días que lo que menos le interesa es avanzar en el camino de la paz.

14 de febrero 2018 , 12:00 a.m.

Si el propósito del Eln con su paro armado era forzar un reinicio de las conversaciones en Quito y un nuevo cese bilateral del fuego, esta organización, dicho coloquialmente, tacó burro.

En tres días perpetró 20 acciones terroristas, entre voladura de puentes y peajes, quema de vehículos y asesinato cobarde de miembros de la Fuerza Pública, que neutralizó 12 actos más. Hubo también bloqueos viales, secuestro de un civil y un ataque con explosivos contra una patrulla de la policía.

Colfecar, el gremio de los transportadores, ha calculado las pérdidas a consecuencia de estos actos en 4.000 millones de pesos, incluidos daños a tractocamiones y lucro cesante como resultado del obligado cese de operaciones en varias vías del país, entre ellas la Ruta del Sol, donde fue dinamitado el puente Amarillo, ubicado en Pelaya, Cesar.

Son acciones que de ninguna manera demuestran poderío militar. De hecho, confirman que su situación actual, en términos militares, no ha variado sustancialmente en comparación con la que estudiosos de la seguridad y la misma inteligencia militar han planteado en los últimos años. Tampoco logran cosechar apoyos entre la gente y, en cambio, sí consiguen nutrir un sentimiento de masivo repudio generalizado. El mismo que por un tiempo estuvo dormido debido a que parecía haber intención de dejar la lucha armada.

Parece haber razones para creer que la extracción de rentas en economías ilegales ya es la prioridad de esta organización.

Hoy, la ventana de esperanza para los colombianos de observar gestos concretos y contundentes de paz de los hombres orientados por el Comando Central está cerrada y trancada. A su vez, esa otra ventana de oportunidad del Eln para evitar sentir, como en su momento lo vivieron las Farc, todo el rigor de la fuerza militar legítima del Estado seguramente se cerrará también. Le corresponderá al presidente Juan Manuel Santos tomar pronto una determinación respecto al futuro de este intento de llegar a un acuerdo, pero el margen de decisión hoy es muy estrecho, y no por iniciativa del Gobierno, sino como consecuencia de los actos violentos de los últimos días.

Queda muy claro entonces que esta fue una muy torpe jugada de los ‘elenos’. El ambiente para reanudar los diálogos es hoy nulo, y –como ya lo decíamos– en el futuro próximo no parece haber para ellos alternativa diferente que la de soportar una contundente ofensiva militar, además de todo tipo de cuestionamientos (provenientes, incluso, de sectores que alguna afinidad han tenido con ellos) sobre el alcance de sus vínculos con el crimen organizado, en particular el narcotráfico y la minería ilegal. Así como hay confusión acerca de si existe unidad de mando, también la hay sobre sus motivaciones, que hoy pasan más por la extracción de rentas que por las propias de la insurgencia armada.

Por todo lo anterior, no sorprende que la decisión de la Fiscalía de ordenar la captura de los miembros del Comando Central y solicitar apoyo a la Interpol para poder ponerlos a buen recaudo –es bien sabido que permanecen en el exterior– haya recibido respaldo unánime. Pues al rechazo natural a la barbarie se suma el sentimiento de voto de confianza no correspondido. Al contrario: pisoteado por esa guerrilla.

editorial@eltiempo.com

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