Sánchez y Conte

Sánchez y Conte

España e Italia estrenan gobierno con un reto: que el cansancio ciudadano no debilite la democracia.

02 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Una semana tormentosa afrontó la Europa mediterránea. En Italia se vivió el más accidentado proceso de conformación de gobierno que se recuerde el cual tuvo como protagonistas a dos partidos antisistema: La Liga –de extrema derecha– y el 5 estrellas. Al final, el nombramiento como primer ministro de un desconocido abogado sin trayectoria alguna en el sector público, Giuseppe Conte, puso fin –o pausa– a una crisis que ya sacudía los mercados.

Y en España hay grandes novedades en la cabeza del Gobierno. El socialista Pedro Sánchez es quien ahora ocupa el cargo. Lo consiguió no porque haya tenido el favor de las masas en una votación, sino porque en esos recovecos de la democracia parlamentaria logró armar una insospechada coalición de aliados para que tuviera éxito una moción de censura contra el hasta ayer presidente Mariano Rajoy. Consiguió 180 votos de 176 necesarios.

La palabra clave para explicar el desplome del líder conservador, que ajustaba 7 años en el poder, es ‘corrupción’. Varios miembros de su partido, el Popular (PP), fueron condenados por la justicia por su participación en el llamado caso Gürtel, un entramado en el que se concedían millonarios contratos del Estado a cambio de comisiones que ingresaban a sus bolsillos o a los de una contabilidad paralela con la que se financiaban las campañas políticas.

Poco a poco, Rajoy tuvo que presenciar cómo caían, una a una, piezas claves de su partido en una investigación que se centró en el periodo de 1999 a 2005, años en los que el PP estuvo presidido por el expresidente José María Aznar y luego por él mismo. Trescientos cincuenta y un años de prisión deberán pagar las 29 personas condenadas, entre ellos una docena de altos cargos del partido conservador español.

Es destacable la buena salud de la democracia y la institucionalidad española, que finalmente logra pasarle cuenta de cobro a la corrupción.

Rajoy, viejo zorro de la política al que siempre se le alabó su capacidad de resistencia, se convirtió, de hecho, en el primer mandatario en ejercicio que compareció en calidad de testigo en un juicio. Pero tras el veredicto, conocido la semana pasada, su testimonio quedó en entredicho y ya no pudo evadir más su responsabilidad política y la de su partido. Más aún, es el primer presidente que es tumbado por una moción de censura.

Dicho esto, Sánchez no la tendrá fácil, por varias razones. La primera, porque no llega a La Moncloa a través del mandato ciudadano, sino por una componenda con partidos populistas como Podemos y los nacionalistas, que por sus agendas propias van a cobrar duro el favor. Sin embargo, los socialistas gobernarán solos, según se anunció.

La segunda, porque apenas tiene 84 diputados, una cantidad insuficiente para un gobierno con desafíos tan grandes como, por ejemplo, el independentismo catalán, entre otros.

Más allá de esto y de lo que pueda pasar con la fragilidad del gobierno de Sánchez, es destacable la buena salud de la democracia y la institucionalidad española, que finalmente logra pasarle cuenta de cobro a la corrupción de su partido gobernante. El reto ahora es encontrar una salida de este laberinto por las vías que la democracia dispone y sin caer en la tentación de atajos que la resquebrajen. Todo lo contrario, aprovechar esta coyuntura para renovarla y fortalecerla. Mensaje que también es pertinente para Italia.

editorial@eltiempo.com

Pedro Sánchez y Mariano Rajoy

Pedro Sánchez (i.) se convirtió en presidente del gobierno español, tras impulsar una moción de censura contra Mariano Rajoy.

Foto:

AFP / Pierre-Philippe Marcou

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