Editorial: Que ahora sí sea

Editorial: Que ahora sí sea

El Eln está ante una última oportunidad de quedar como corresponsable de una paz completa.

18 de enero 2017 , 07:43 p.m.

Hay que comenzar diciendo que la noticia de la fijación de una fecha, el próximo 7 de febrero, para el inicio de las negociaciones de paz con el Eln solo estaba en los cálculos de los más optimistas.

Y es que tanto pesimistas como realistas consideraban hasta este miércoles muy difíciles de superar los obstáculos que habían impedido a los delegados de ambas partes llegar a concretar dicho anuncio. Tales barreras, corresponde decirlo, las había levantado la agrupación guerrillera con sus actos violentos recientes, todo lo contrario de lo esperado por la opinión, y con las trabas que había puesto a la liberación de Odín Sánchez, un inamovible del Gobierno.

Con la liberación de Sánchez, la cual deberá darse antes del 2 del próximo mes, se estaría cumpliendo con el requisito de la liberación de todos los secuestrados en poder de los hombres de ‘Gabino’ toda vez que, de acuerdo con los registros del Ministerio de Defensa, el exparlamentario era el último cautivo en poder de esta agrupación. Ello no obsta para que esta guerrilla haga lo que esté a su alcance a fin de tener más luces sobre el paradero de otros colombianos secuestrados y de cuyo plagio se la ha responsabilizado.

Dicho lo anterior, es necesario ser enfáticos en que el hecho de que por fin se despeje, y contra muchos pronósticos, un panorama que por meses permaneció con densos nubarrones es, por supuesto, una buena noticia.

Esta produce una expectativa que requiere, no obstante, de un polo a tierra.

Es un principio de realidad que debe alimentarse de sucesos ocurridos tanto en el pasado reciente como en los intentos precedentes de negociación con los ‘elenos’, quienes deberán sumar nuevos gestos de paz y despejar dudas sobre su cohesión y autonomía. Desprender de una buena vez, si es necesario, cualquier rueda suelta. Cortar cualquier vínculo que tengan con economías ilegales aquellos que han desdibujado hasta el extremo el primigenio cariz político de su causa en algunos de sus frentes.

Por lo demás, debe reiterarse que lo sensato es que este esfuerzo recorra el camino abierto por la negociación con las Farc, más cuando se trata de una contraparte cuya envergadura es a todas luces inferior a la de la guerrilla, hoy en proceso de desmovilización, que dirige ‘Timochenko’. Y no solo eso; tampoco, perder de vista que si esta hoy no atraviesa por su mejor momento es, como también sucedió con las Farc, resultado de la acción de la Fuerza Pública.

Que no quede duda respecto a que llegamos a un punto de quiebre en la historia del país. El del final definitivo de la combinación entre política y armas. Que este giro ya se produjo y no tiene reversa posible es lo que tiene que entender el Eln.

Así las cosas, esta organización se encuentra hoy ante una nueva oportunidad, que bien puede ser la última, de sumarse a este capítulo. Y tiene dos opciones: hacerlo en calidad de villano y así quedar para la posteridad en los libros de historia, o como el protagonista que tuvo el tino y la sensatez para hacer una pausa, descifrar los signos de los tiempos, transformarse y convertirse en corresponsable de una paz completa que sabrán agradecer las generaciones venideras.

editorial@eltiempo.com

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