Editorial: Puentes antes que muros

Editorial: Puentes antes que muros

La iniciativa de Trump parece destinada a dejar millones de inocentes víctimas colaterales.

25 de enero 2017 , 08:05 p.m.

Orden ejecutiva tras orden ejecutiva, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado claro que el talante que mostró como candidato será el mismo que caracterizará su mandato.

Después de la embestida contra el programa de atención médica ‘Obamacare’ y el financiamiento estatal a ciertos programas de salud sexual femenina, y luego de autorizar reanudar la construcción de dos oleoductos cuyas obras habían generado fuerte rechazo entre ambientalistas, este martes confirmó –de nuevo, orden ejecutiva mediante– su propósito de levantar un muro en la frontera con México, junto a otra serie de medidas encaminadas a cerrarles espacios a los migrantes de dicho país, sobre todo a quienes no han definido su situación legal con el Tío Sam.

La decisión, cuya ejecución podría costar 50.000 millones de dólares que –Trump insiste, sin haber proporcionado mayores detalles aún– le serán cobrados a su vecino, debe ser evaluada en este momento inicial a la luz del impacto que esta pueda tener no solo en las economías de ambos lados de la frontera, sino en la calidad de vida de mexicanos y estadounidenses y, en general, en la armonía en las relaciones entre los Estados del continente. Es pertinente aclarar que en este borde ya se levanta una cerca que se complementa con una barrera de metal en las zonas más pobladas, la cual se prolonga por aproximadamente 1.100 kilómetros.

Sea como sea, hay que ser claros en que son muchos más los argumentos para considerar el proyecto un despropósito. No es una determinación sensata. En el plano del comercio, es previsible un desplome del intercambio comercial con serias consecuencias en las ciudades cercanas a la zona limítrofe, una vez más, de ambos lados. En entredicho quedarían también los cinco millones de empleos que generan hoy las relaciones comerciales binacionales. Hay que recordar, en este sentido, las amenazas del recién posesionado mandatario a las ensambladoras de vehículos que tenían planes de expandir sus fábricas en territorio azteca.

De la mano de esta resolución vienen otras, como la de vetar la liberación de inmigrantes ilegales detenidos y la de mantener la prioridad de deportación para aquellos con antecedentes criminales. No hay duda ya sobre lo ajustado que resulta el calificativo de hostil para la actitud que Trump ha decidido asumir frente a los mexicanos.

Sumado a lo anterior está lo que implica esta obra en términos simbólicos. El mensaje que finalmente se envía. El portavoz de la Casa Blanca ha dicho que se trata de “un primer paso de sentido común para asegurar nuestra porosa frontera”. Pero es difícil hallar sentido común en una empresa que arrastra muchos más riesgos para la gente que potenciales beneficios. Señalar al vecino como responsable de problemas de origen mucho más complejo puede cosechar aplausos en el corto plazo, pero es bien probable que en el largo ocasione traumas.

Lo que preocupa, en últimas, es que la búsqueda errática de soluciones que ha emprendido el nuevo inquilino de la Casa Blanca no solo parece mal encaminada, sino destinada a dejar millones de inocentes víctimas colaterales.editorial@eltiempo.com

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