Editorial: ¡Pilas, Bogotá!

Editorial: ¡Pilas, Bogotá!

Varios desafíos le esperan a la capital de cara a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

02 de agosto 2016 , 04:32 p.m.

Son tantos y tan disímiles los desafíos que se ciernen sobre la capital del país que más le vale comenzar desde ya a dejar sentadas las bases de lo que será su desarrollo futuro como ciudad sostenible, un imperativo que demanda la humanidad en las décadas por venir.

Tal es el panorama que deja planteado el reciente informe de calidad de vida del programa Bogotá Cómo Vamos, que, además de los indicadores sobre pobreza, salud, educación, movilidad y medioambiente correspondientes al 2015, tuvo como premisa la evaluación de las metas del Plan de Desarrollo del actual gobierno y su corresponsabilidad con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), esbozados por Naciones Unidas en el marco de la Agenda 2030.

En el informe hay males conocidos y mejoras evidentes. Entre los primeros subsiste la alta desigualdad frente al promedio nacional; si bien la pobreza ha cedido en la última década, aún hoy uno de cada diez ciudadanos sobrevive con apenas 241.000 pesos al mes. La desnutrición infantil dejó 10 víctimas mortales en el 2015 (van 3 este año), y el cinco por ciento de los niños no tienen la talla para su edad.

En movilidad, más de la mitad de los usuarios del transporte público tardan 20 minutos esperando un bus; en cinco años, el número de motos subió 60 por ciento y el de carros, 34; y cinco de cada diez víctimas de incidentes viales son peatones.

En contraste, Bogotá es la ciudad que ofrece la mayor cobertura en servicios públicos, ha habido mejoras en la calidad de la educación pública; los homicidios se han reducido y el hurto callejero ha bajado sustancialmente en los últimos meses. Así mismo, la capital sigue siendo la que jalona la oferta laboral y el crecimiento económico.

¿En dónde tiene que hacer esfuerzos Bogotá para mejorar indicadores? A juicio de Bogotá Cómo Vamos, los principales desafíos están en la eliminación de la pobreza absoluta –el primero de los ODS–; reducir la desigualdad, propender a un desarrollo que proteja el medioambiente y a una educación incluyente que mejore los indicadores de calidad en establecimientos públicos.

Pero hay otros retos que no dan espera. Bogotá envejece aceleradamente, y aún no hay evidencia de que a nivel institucional existan políticas para abordar esta realidad; el acceso a la educación superior solo acoge al 30 por ciento de los jóvenes que terminan la secundaria; seis de cada diez homicidios se cometen con armas de fuego, pese a su restricción, y las enfermedades cardiovasculares cobran cada año un número de víctimas considerable.

Así, el desarrollo futuro de la ciudad, y de las demás urbes en el país, requiere una alta dosis de sensatez que permita combinar eficazmente la inversión en infraestructura con los retos sociales y ambientales que demandan las urbes hoy. “Crear ciudades y asentamientos urbanos inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles” es el llamado del director ejecutivo de ONU-Hábitat, Joan Clos.

De este tamaño es la tarea que le espera a Bogotá. Llevarla a cabo es un deber que compromete a los gobiernos de la ciudad y a sus ciudadanos, sobre todo ahora cuando el país se alista para un posconflicto en el que estas acciones resultan determinantes.

editorial@eltiempo.com

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