Pesadilla por un homónimo

Pesadilla por un homónimo

Es inconcebible que hoy en día las autoridades confundan la identidad de una persona.

13 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Si se quiere hacer un guion del género absurdo, solo hay que tomar el caso de Johana Milena Ospina Torres, ingeniera civil, quien por un homónimo tuvo que enfrentar los 11 días más amargos y tenebrosos de su vida.

Como lo registró este diario, lo que le ocurrió a esta profesional –que iba llena de felicidad hacia Curazao, en compañía de siete amigas, a disfrutar de un viaje por su despedida de soltera– es una verdadera e increíble pesadilla.

El drama empezó en el aeropuerto El Dorado cuando su nombre coincidió con el de otra mujer a quien un juez de Medellín le había dictado orden de captura por secuestro extorsivo cuando tendría 16 años.

Johana Milena Ospina Torres

Johana Milena Ospina Torres es ingeniera civil y trabaja en una constructora. Fue confundida con una militante del Eln.

Foto:

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

De ahí en adelante, el paseo se convirtió en uno de miedo, con recorridos en patrullas, leída de derechos, estaciones de policía, juzgados de Paloquemao, URI, esposas, búnker de la Fiscalía, cárcel del Buen Pastor... Once largos días con todas sus noches y sus angustias para ella y su familia. Y con toda la confusión posible, incluso, por lo que ella percibía, hasta para las mismas entidades.

Un homónimo no se le niega a nadie. Y en un país que ha vivido una larga guerra, con tantos grupos y delitos comunes, el ciudadano, aun con la conciencia tranquila, experimenta cierto nerviosismo cuando debe identificarse al salir del país o en los puestos de control. Todo porque, como en el hecho referido, aún hoy, con una tecnología avanzada en el mundo, el subdesarrollo local o cierta desidia pueden amargarle el rato a cualquiera.

Ya sería hora de que las huellas dactilares, los cotejos en la Registraduría, los registros civiles, las pruebas testimoniales y la trayectoria laboral, incluso, pudieran agilizar y esclarecer la identidad de una persona en breve. Y que no tuviera alguien –como es el caso–, después de todo lo vivido y ya con la certeza del error, que pasar otro largo fin de semana en prisión porque no sirve el fax del juez, sino que se requieren originales. Es claro que tiene que haber controles y autoridad, ni más faltaba; y es mucho lo que ellas hacen a diario, pero hay que evitar fallas graves. De todo esto deben quedar lecciones. No sea que haya otros homónimos sin ‘suerte’. Y que no se repita jamás.

- editorial@eltiempo.com

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