Editorial: Peligro en el vecindario

Editorial: Peligro en el vecindario

Recuperar la armonía y la confianza entre miembros de una misma comunidad resulta imperioso.

04 de noviembre 2016 , 08:12 p.m.

La serie de incidentes salidos a la luz pública recientemente y que involucran a problemáticos vecinos de barrio tienen en alerta a las autoridades y atemorizados a quienes conviven junto a ellos. El caso del energúmeno de un edificio del sector de La Cabrera, en Bogotá, que, con su progenitora, ha protagonizado una serie de golpizas y amenazas a los propietarios de los demás apartamentos, raya en lo demencial. A tal punto que muchos han optado por abandonar sus moradas antes de cruzárselos en el ascensor o en un área común.

La administración del inmueble ya ha contactado a las autoridades, sin que hasta el momento se hayan adoptado acciones legales contra los presuntos agresores.

Hace pocas horas se conoció otra historia mucho más grave. En un populoso sector de la localidad de Kennedy, un sujeto agredió con arma blanca a su vecino luego de reclamarle por el excesivo ruido de un equipo de sonido que, según la víctima, no le pertenecía. Aun así, y tras un cruce de insultos y ofensas, el agresor lo atacó y le causó la muerte.

Ambos hecho ocurrieron en el último mes y han dado pie para que muchos bogotanos recuerden otro cruento episodio: el de David Manotas Char, quien atacó a su vecino, lo lanzó por el balcón y le ocasionó la muerte. ¿La razón? Otro reclamo por ruido.

Historias como estas se repiten con mayor o menor gravedad a lo largo y ancho de la ciudad. Y mucho tienen que ver con el hecho de que la capital se ha convertido en una urbe vertical, donde cada vez más se convive en espacios cerrados y la sola aplicación de las normas internas genera roces. Pero también son reflejo de un problema de fondo, el grado de intransigencia al cual ha llegado la sociedad y que termina resolviéndose con violencia. Las riñas, las agresiones, los insultos, las amenazas o la toma de justicia por mano propia están desbordando todos los límites razonables de una sana convivencia en cualquier comunidad civilizada.

Según la Encuesta Bienal de Culturas el 55,9 por ciento de tales problemas los origina el ruido; el 49,5, la tenencia de mascotas; el 44,5, el mal parqueo de los vehículos de los visitantes; el 42,9 por ciento discute con el de al lado por sacar la basura a deshoras, mientras el 40 por ciento asegura que las discusiones se dan por los borrachos.

Un estudio de la Cámara de Comercio de Bogotá señala que en el último semestre el 24 por ciento de los bogotanos fueron víctimas de una acción que afectó su tolerancia. Y las primeras razones que aparecen en la lista son: reuniones ruidosas, riñas y problemas de basura.

Y la gente lo reconoce. En la más reciente encuesta del programa Bogotá Cómo Vamos, el 27,6 por ciento de los consultados admiten que su comportamiento con el vecino es malo, el 35,8 lo califica de regular y el 36,5, de bueno. Este panorama, altamente preocupante, demanda la acción decidida de las autoridades en general y de las alcaldías locales en particular.

No hay que esperar más para adelantar campañas que lleven a desarmar los espíritus y recobrar la sensatez entre miembros de una misma colectividad, so pena de que la buena vecindad que todos reclaman termine convirtiéndose en un verdadero infierno, como ya está sucediendo.editorial@eltiempo.com

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