Palomas al vuelo

Palomas al vuelo

La proliferación de estas aves en Bogotá merece un plan de control serio.

11 de noviembre 2016 , 08:48 p.m.

Todos los animales merecen un trato digno, y el respeto por ellos debe ser una premisa inviolable. En ese sentido, en el caso de algunas especies, que se multiplican rápidamente y sin control, dicho respeto incluye la adopción de medidas que les garanticen un equilibrio adecuado entre su hábitat y el de otras especies –los humanos incluidos–. Esto, para evitar que su proliferación se convierta en una indebida patente para que quienes se sientan afectados por su presencia opten por las vías del maltrato y el exterminio.

Es el caso de las palomas de Bogotá, que, debido a su superpoblación, han sido motivo de espinosos y polarizados debates. Lo cierto es que, hasta ahora, no se han generado propuestas concretas para manejar de manera adecuada lo que muchos ya consideran un verdadero problema.

Aunque no hay cifras oficiales, algunos estimados calculan que por cada 20 capitalinos una paloma vuela sobre sus cabezas, con el agravante de que ellas se concentran, sobre todo, en las plazas de Bolívar, de las Nieves, de Lourdes, de la Mariposa y de Usaquén, en las que las quejas en su contra son cada vez más crecientes, al igual que la exigencia para que las autoridades tomen cartas en el asunto.

Valga decir que –al amparo de argumentos sanitarios, ambientales, urbanísticos y hasta históricos– razones no les faltan a estos quejosos. De ahí que se deba mirar con buenos ojos el paso dado por el Concejo de Bogotá de abrirle camino a la consolidación de un plan serio, responsable y concreto cuyo objetivo es que estas aves y la ciudadanía puedan convivir en franca armonía.

Esto incluye controlar su reproducción de manera adecuada, la ubicación, diseño y mantenimiento de palomares; la eliminación técnica de nidos, el uso controlado de barreras y elementos repelentes, el control de plagas, el suministro de alimentos por una fuente conocida y no por la gente, y, por supuesto, amplias campañas de educación para que los bogotanos, de todos los niveles, aprendan y apliquen normas de respeto con estos animales. Todo dentro de una política sostenida.

En la ciudad, si todos ocupan sus sitios sin molestar al otro, hay lugar para todos, y estas aves no son la excepción.editorial@eltiempo.com

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