Otro expresidente en líos

Otro expresidente en líos

¿Hasta dónde aguantarán nuestras democracias delitos de personajes como Ricardo Martinelli?

15 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Ya se volvió una triste costumbre en el continente que un buen número de los expresidentes terminen tras las rejas, procesados judicialmente o exiliados. Antes, muchas de estas acciones tenían que ver con violaciones de los derechos humanos en la época de las dictaduras, por ejemplo, pero últimamente se volvió tendencia que caigan en esa situación por temas relacionados con corrupción, mal manejo de dineros y cuentas públicas, lavado de activos o, en el más reciente episodio, por un asunto de espionaje a opositores.

Es el caso del exmandatario panameño Ricardo Martinelli, que fue detenido el lunes en Estados Unidos, en su casa de Coral Gables, a pedido del Gobierno panameño, por haber supuestamente utilizado dinero público para espiar a 150 de sus adversarios políticos durante su mandato, entre el 2009 y el 2014. Se inicia así un proceso histórico de extradición de un mandatario al que en su primera audiencia le fue negada la libertad bajo fianza.

Ricardo Martinelli

Ricardo Martinelli, expresidente de Panamá.

Foto:

Saúl Martínez / EFE

Para su entorno, se trata de una persecución política del gobierno de Juan Carlos Varela, quien fue su vicepresidente y se convirtió en poderoso detractor. Pero para otros, es el castigo para el magnate de los supermercados que quiso ponerse por encima de las instituciones y las leyes.

Si bien lo de las escuchas es algo muy grave, no es el único delito por el que se lo persigue. Martinelli dejó a su paso más de una decena de líos judiciales, que van desde malversación de fondos públicos hasta venta de indultos. Y por si fuera poco, sus dos hijos varones forman parte del grupo de 17 requeridos por los escándalos de Odebrecht.

Ante la negativa de presentarse a declarar en su país, la Corte Suprema panameña había emitido una orden de arresto en diciembre del 2015 contra Martinelli. Este argumentó que la justicia de Panamá no le daba garantías.

Pero ahora, bajo custodia en una cárcel de Estados Unidos, luce barbado, con un uniforme marrón de prisionero y fue esposado en su comparecencia ante el juez. Una imagen lamentable para alguien que en un momento de su vida obtuvo la confianza de miles de personas que con su voto depositaron en él su esperanza. ¿Hasta dónde aguantarán nuestras democracias?

- editorial@eltiempo.com

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