Editorial: Otro debate a gritos

Editorial: Otro debate a gritos

El matoneo en los colegios por razones de orientación sexual es un tema que no debe ser banalizado.

09 de agosto 2016 , 08:39 p.m.

Que los colegios sean espacios donde, de acuerdo con la Constitución, la jurisprudencia de la Corte Constitucional y el sentido común, nadie sea discriminado por la razón que fuere es un tema muy serio.

En consecuencia, no merece el tratamiento que en estos días se le ha dado con motivo de la controversia en torno a un documento del Ministerio de Educación que busca lograr dicho objetivo, en cumplimiento de lo ordenado por la Corte Constitucional.

Entre material grotesco y apócrifo, estereotipos y exageraciones, se ha esfumado lo que en últimas se pretende: que aquellos alumnos que expresen una orientación sexual o una identidad de género diferentes de las que predominan no vivan un infierno en los lugares donde estudian.

Como en tantos otros asuntos que polarizan, aquí han faltado serenidad y rigor. Las posturas están más apasionadas que informadas, y esto evita cualquier posibilidad de que la discusión, necesaria y bienvenida, se convierta en una deliberación sana para bien de la sociedad; en un intercambio de argumentos que repercuta en el bienestar de los estudiantes.

Mientras de un lado se asegura que la idea es obligar a niños y jóvenes a adoptar tal o cual orientación sexual, desde otra orilla se recurre a la comodidad de los estereotipos para evitar el siempre difícil pero muy productivo esfuerzo de valorar los argumentos de quienes piensan distinto, ponerse en los zapatos de ellos y preguntarse qué de su argumentación pueden enriquecer mi postura.

El texto que ha sido insumo del trabajo, hecho por el Ministerio con el fin de cumplir con lo dispuesto por la Corte Constitucional y así evitar que se repita la historia de Sergio Urrego –el joven víctima de matoneo por su orientación sexual y que se suicidó en Bogotá, en agosto del 2014–, ha sido muy citado pero, al parecer, poco leído.

Se trata de una hoja de ruta –además de documento todavía de carácter interno del Ministerio–. A este se le puede reprochar que en ciertos terrenos sugiere transformaciones que van más allá de lo que hoy se requiere y de lo que pidieron los magistrados. En este sentido, contiene planteamientos que buscan impulsar, desde el Estado, procesos de transformación cultural cuyo avance depende de comprender y respetar sus ritmos.

Dicho esto, es, en términos generales, un texto con pautas y metodologías para que los estudiantes que no encajen en un cierto molde –que es válido, que en ningún momento ha estado en la mira– no sean discriminados.

La invitación es a entender que el tema merece mucho más que las caricaturas y los dardos hasta ahora vistos. Tan cierto como que el propósito de luchar contra el matoneo motivado por la orientación sexual merece pleno respaldo es que estamos tratando con cuestiones que, por el tipo de sociedad que es la nuestra, por su trayectoria histórica y un sistema de valores que pervive, son particularmente sensibles. Desconocer esto último es un error, tanto como pretender imponer los cambios, por más bien intencionados que estén. Mucho más seguro es el camino de la persuasión y la paciencia.


editorial@eltiempo.com

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