Otro caso repudiable

Otro caso repudiable

Que haya justicia ante la muerte del médico Fabián Herrera y otras víctimas del 'paseo millonario'.

06 de junio 2017 , 09:12 p.m.

Conmoción e indignación son los sentimientos que se perciben ante la muerte, la semana pasada, del médico neurocirujano Fabián Herrera Merchán, de 28 años, quien prestaba sus servicios en la Clínica Méderi de Bogotá.

Conmueve y causa rabia, además, porque se malogra en forma miserable una joven vida que ganaba prestigio y aprecio entre sus colegas y, precisamente, se dedicaba a la noble labor de salvar o aliviar otras vidas. Y porque es otro cruel aviso de cómo la delincuencia dedicada al paseo millonario anda desatada, en muchos casos –como es al parecer este– con el uso de la escopolamina.

Valga recordar que el doctor Merchán salió, el pasado martes 30 de mayo, de un bar en la llamada zona T de Bogotá, donde tomó un taxi. Y vino ese lapso oscuro y tremendamente angustiante, hasta el desenlace fatal, cuando a los cuatro días su cuerpo fue hallado en un paraje de Usme, en el sur de la ciudad.

Homenaje a Fabián Herrera

Consternación e impotencia en homenaje al médico Carlos Fabián Herrera, encontrado muerto en Usme.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

Dicen las autoridades que una posible sobredosis de escopolamina, con el licor que la víctima había ingerido, pudo ser la mezcla fatal. Otra muerte más a manos de torpes maleantes que no miden las consecuencias de sus actos, con tal de lograr unos pesos. Y que recuerda otras víctimas como el agente de la DEA James Terry Watson, asesinado en un intento de paseo millonario, precisamente en otro junio, hace 5 años. O el de Miguel Ángel Perdomo Corredor, el conductor de la periodista Cecilia Orozco, a quien también mataron perversos delincuentes en un bar de la avenida Primero de Mayo de Bogotá, con una sobredosis de esa droga.

Este es un azote en las principales ciudades. Por desgracia, son numerosos los hechos, centenares al año; y muchos, por fortuna, no llegan a la fatalidad, pero no se denuncian. Hay que repudiar, claro, pero también hacer mayores esfuerzos. El ciudadano tiene no solo el derecho a la protección de su vida, sino al esparcimiento, sin que se vuelva presa de caza. Y es una tarea de todos, de las autoridades, de los mismos dueños de los establecimientos, de las personas al tomar precauciones.

En todo caso, que haya justicia; que sea quien sea la víctima, se llegue hasta los criminales y se castiguen sin contemplación. Es lo menos que se puede pedir.

- editorial@eltiempo.com

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