Obesidad mortal

Obesidad mortal

Esta enfermedad obliga a la acción de la sociedad y del Estado para consolidar políticas radicales.

15 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Cuatro millones de personas mueren en el mundo cada año por causa de la obesidad. Son cifras que, dado el carácter prevenible de este flagelo, resultan simplemente alarmantes.

Aunque las tendencias crecientes de sobrepeso y obesidad parecen conocerse, esta semana un estudio de The New England Journal of Medicine (NEJM) volvió a encender las alarmas al demostrar que todas las proyecciones se desbordaron. El 30 por ciento de la población mundial (2.200 millones de personas) está en sobrepeso. Y de este grupo, 600 millones de adultos y 110 millones de niños ya están enfermos de obesidad, con el agravante de que muchos de ellos se encuentran en países en desarrollo que aún no superan el drama de la desnutrición.

La realidad colombiana es mucho más preocupante: según el estudio, 5,7 millones de adultos tienen sobrepeso u obesidad (17,6 por ciento), y tres de cada 10 niños ya están afectados; pero, como lo revela la Encuesta Nacional de Situación Nutricional (Ensin 2010), más de la mitad de la población (51,2 por ciento) tiene sobrepeso, o sea, ya es víctima de este mal.

En Colombia, 5,7 millones de adultos tienen sobrepeso u obesidad (17,6 por ciento), y tres de cada 10 niños ya están afectados

Sin duda, es un asunto muy serio. La alerta mundial por el crecimiento de la pandemia de obesidad como predictor de enfermedad y muerte, en razón a que es determinante de múltiples dolencias y de una decena de tipos de cáncer, debe obligar a la acción inmediata de los individuos, las familias, la sociedad y el Estado para generar y consolidar políticas transversales que atiendan esta realidad desde su escenario cierto: la cultura.

Hay que afirmarlo sin ambages: la obesidad es un problema generado por factores múltiples, y el más determinante son los comportamientos y las conductas inadecuadas ligadas a la alimentación y la actividad física.

Las costumbres y los rituales compartidos por los integrantes de una comunidad han generado una cultura de alimentación basada en harinas, grasas, azúcar y sal, complementada con patrones sociales que impulsan la quietud.

Este panorama exige acciones francas y concretas, que empiezan por desmitificar la vieja idea de que estar gordo es estar sano, sobre todo en los niños, y de que cualquier medida tomada con criterios de salud pública para enfrentar la situación sea recibida como atentado a la libre empresa y al desarrollo comercial.

El país necesita, sin excusa, una política de Estado en la que se reconozcan esfuerzos particulares y bien concebidos, como los de la Fundación Colombiana del Corazón y la Fundación Colombiana de la Obesidad, para afrontar tal realidad. Urge una transformación general desde cada persona. Se trata de impulsar una plataforma transversal e intersectorial que permee a la comunidad desde las familias y cruce por colegios, universidades, la industria y los espacios de trabajo, liderada por el Gobierno, el Congreso y sus entes de vigilancia. Aquí la responsabilidad es de todos.

No hacerlo es esperar silenciosos a que la obesidad se convierta en la primera causa de muerte en el mundo, por encima de la violencia y de las enfermedades cardiovasculares. Un panorama que está a la vuelta de la esquina.

- editorial@eltiempo.com

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