Editorial: No más abusos contra los niños

Editorial: No más abusos contra los niños

Los derechos de los niños están por encima de todo, pero el país fracasa a la hora de hacerlos valer

23 de noviembre 2016 , 08:08 p.m.

Casi tres décadas después de promulgarse la Convención de los Derechos del Niño, en el seno de la Asamblea de las Naciones Unidas, de la cual Colombia es signataria, la fecha dista mucho todavía de ser una celebración.

Para recordarle al mundo que todos los menores de edad deben ser sujetos de especial protección, en 1989 se determinó que cada 20 de noviembre el planeta conmemoraría el Día Universal de los Niños. Sin embargo, en casos como el colombiano, cada jornada parece destinada a certificar todo lo contrario, es decir, a enumerar miles de casos de abusos y atropellos.

La semana pasada, en efecto, la ONG Save the Children dio a conocer un informe, construido a partir de cifras oficiales, que resulta escalofriante. Según este, cada hora, en promedio, dos niños son víctimas de presunto abuso sexual; esa es la razón por la cual el 75 por ciento de los exámenes que el Instituto Nacional de Medicina Legal practica para determinar la ocurrencia de este tipo de agresiones son en menores de 14 años.

Infortunadamente, hay más: el 40 por ciento de estas víctimas son niñas de 10 a 14 años y, aun así, hasta la fecha no hay medidas efectivas específicas para atenuar el flagelo. De tamaña crueldad no se salvan ni siquiera las más pequeñas, pues, según la ONG, casi el 12 por ciento de las víctimas son menores de 4 años. Es aberrante además que sean los miembros de sus grupos familiares y de su entorno cercano, que son los llamados a brindarles protección, los autores de estos delitos.

Como si fuera poco, el reporte señala que casi la tercera parte de los 26.985 casos de violencia intrafamiliar reportados el año pasado afectó directamente a menores de edad. El 60 por ciento de estos actos abusivos los ejecutaron directamente los papás y las mamás de los niños. Cada día, además, 2,5 menores de edad en promedio son asesinados cada día en el país.

Son estos reportes que sociedades como la colombiana parecen haberse acostumbrado a escuchar, sin detenerse demasiado en lo que ellos reflejan: el drama de miles de niños y niñas reales, con rostros, con nombres y apellidos, cuyas vidas son truncadas de la peor manera.

Lo inexplicable de este asunto es que el país, al menos en el papel, es pródigo, desde la misma Constitución, en normas de toda clase, que han acabado por poner (como debe ser) los derechos de los niños por encima de todo lo demás. Pero fracasa rotundamente a la hora de hacerlas valer y de poner en marcha mecanismos efectivos para identificar situaciones de riesgo y poner a los menores de edad a salvo de todo peligro.

Se trata, en efecto, de situaciones prevenibles, que demandan acciones responsables, contundentes y permanentes de sus autoridades, en primer lugar, y de todo ciudadano.

Por alguna razón la sociedad falla gravemente frente a esta obligación. Urge priorizar colectivamente este problema. La reflexión debe dar inmediato paso a la acción en el seno de cada institución del Estado, de cada familia y de cada comunidad; a frenar el abuso de todo tipo contra los niños, celebrar su existencia y buscar conscientemente la forma de ayudarles a construir un futuro.

editorial@eltiempo.com

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