No cede

No cede

Bogotá sigue sin extirpar de forma eficaz el cáncer del hurto callejero.

23 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Bogotá no puede seguir enfrascada en un debate eterno sobre si sus cifras de hurtos y atracos aumentan o disminuyen. Tampoco, escudarse en la percepción para remarcar que las cosas mejoran o empeoran; al final, ambas miradas dan para múltiples interpretaciones, juzgamientos a priori o explicaciones a medias. No: la ciudad más importante del país debe adoptar medidas urgentes que contrarresten el evidente accionar de bandas que están azotando a la ciudadanía, bien sea en el transporte público, el parque o la calle. Incluso, como ocurrió recientemente, en restaurantes repletos de comensales.

Ahora bien, hay que mirar las cosas en su justa medida. Algo va del típico ‘cosquilleo’ de un ladrón en un bus a la estructura criminal que asalta en grupos de dos y tres motociclistas; algo va del indigente que se lleva el espejo de un carro al elaborado montaje de los ladrones que siguieron a un hombre durante varias horas, desde el aeropuerto hasta un lugar público, para robarle su Rolex. Al ladrón de ocasión se lo captura, se lo judicializa –si es que hay denuncia del afectado–, y es probable que vuelva a quedar libre al poco tiempo. Pero es a los grupos delincuenciales que actúan bajo un esquema detallado, con armas sofisticadas, la mayoría de ellos en conexión con mafias del narcotráfico y provenientes de otras ciudades, a los que hay que desvertebrar de forma contundente.

En la capital se han desmantelado decenas de grupos dedicados al robo de celulares, al asalto en pequeños comercios y al hurto de bicicletas. Con el infortunio de que muchos delincuentes siguen quedando en la calle por culpa de un juez. Y este es un problema que no se puede soslayar. Acá lo hemos repetido: mientras la justicia no cumpla con su parte, será difícil combatir el crimen de manera efectiva.

Si ha sido posible quebrarles el espinazo a los homicidios, lo mismo debe suceder con el atraco, la pesadilla de los ciudadanos.

Ahora que se unificaron las cifras de robos de la Policía y la Fiscalía y se puso en marcha la aplicación A Denunciar, será posible cuantificar y cualificar mejor este fenómeno y actuar en consecuencia. Por el momento queda claro, conforme a los primeros resultados de las nuevas mediciones, que este sigue siendo el dolor de cabeza de los bogotanos: casi 40.000 casos de hurto a personas entre el primero de enero y el 31 de mayo de este año. Alarmante. En ese mismo lapso se han robado más de 174.000 celulares, según registros de las empresas de telefonía móvil.

En cuanto a victimización, si bien ha habido una oscilación entre el 33 y el 48 por ciento en la última década, el promedio se mantiene en 40 por ciento, diez puntos por encima de la media en América Latina. Y, aunque sigue siendo alto, cabe reconocer que la gente se siente hoy más segura en el barrio (47 por ciento), según el Observatorio de Seguridad de la Cámara de Comercio de Bogotá.

Que el hurto requiere máxima prioridad, sin duda. Todo esfuerzo que allí se haga debe consultar a la ciudadanía, a las autoridades y al aparato judicial; no de otra forma se puede cortar de raíz su accionar. Y es posible lograrlo. Para la muestra está la reducción de homicidios: el esfuerzo mancomunado entre autoridades, nuevas tecnologías e inteligencia podría llevar este año a que Bogotá logre la cifra histórica de estar por debajo de los mil asesinatos.

editorial@eltiempo.com

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