Editorial: Navidad sin sobresaltos

Editorial: Navidad sin sobresaltos

La falta de prudencia no puede ensombrecer una época que simboliza el amor, la alegría y la paz.

15 de diciembre 2016 , 08:11 p.m.

Sintonizada ya con los cantos de Navidad, Colombia empieza a disfrutar de una de las épocas más evocadoras del año. Un tiempo de balances, pero también pleno de buenos deseos, de unidad, de compartir con el amigo, el vecino. Es momento también para fiestas y regalos; para extrañar a quien está lejos y acoger a los que están cerca.

Son estos instantes los que se valoran y los que más hay que preservar para que la Navidad no se convierta en adversidad por malas decisiones, descuidos innecesarios o por caer en imprudencias que terminan siendo costosas.

Por eso, cuando las ciudades y los hogares se iluminan, y cuando comienzan los encuentros familiares en torno a la novena, no está de más ser precavidos y estar atentos a las situaciones que podrían estropearlo todo.

Diciembre es, pues, mes de alborozo, pero –hay que decirlo– también de desmanes y descuidos. Por estos días, muchas empresas pagan a sus empleados la prima navideña, y los delincuentes están al acecho. Tomar las precauciones del caso podría evitar un trago amargo: no sacar grandes sumas, ir acompañado, denunciar la presencia de personas sospechosas o pedir apoyo a la Policía; invertir bien esos recursos y no malgastar, por ejemplo.

Las autoridades han redoblado los esquemas de seguridad en espacios públicos, comercio, entidades financieras y sitios de aglomeración con tal de garantizar la tranquilidad de miles de ciudadanos que hacen sus compras. Allí, como se dice coloquialmente, tampoco hay que dar papaya.

Capítulo aparte merecen dos recomendaciones adicionales, pues, aunque suenen reiterativas, hay que insistir en ellas: el consumo de alcohol y el uso de pólvora por adultos y menores de edad.

En el primero de los casos, no está de más señalar que la ingesta desmedida de bebidas embriagantes es uno de los principales detonantes de riñas públicas y privadas, fruto de la intolerancia. Es, además, motivo esencial de la alta accidentalidad que se registra por estos días ante la fatídica mezcla de alcohol y gasolina. Y aunque el año pasado el número de muertes en carreteras del país se redujo 70 por ciento, lo deseable es mantener esa cifra a la baja, pues el promedio de decesos por esta razón sigue estando por encima de dos personas diarias, particularmente entre el 23 de diciembre y 6 de enero.

El trago adulterado es otro mal que cobra un buen número de víctimas en diciembre. En Cartagena, Bogotá, Montería, Pasto y otras ciudades, las autoridades han incautado importantes cantidades de bebidas adulteradas, indicio de que este delito no da tregua. Más de 2.500 establecimientos comerciales están siendo monitoreados por la Policía en la capital para evitar la producción, la venta y el consumo de este.

No nos cansaremos de repetir que el uso de pólvora está prohibido para personas particulares y, por supuesto, para niños. Cada vez más, los gobiernos locales organizan actividades con juegos pirotécnicos que garantizan la seguridad de todos. Por tanto, no hay necesidad de exponerse a ellos comprándolos y manipulándolos de manera clandestina.

Hacerlo constituye la mejor fórmula para amargarse la Navidad y amargársela al resto de la familia.editorial@eltiempo.com

Columnistas

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