Multas y morosos

Multas y morosos

Pasarse por la faja el pago de multas es una práctica que debe erradicarse.

15 de junio 2018 , 12:00 a.m.

A nadie le gusta que lo multen. Nadie quiere pasar la vergüenza de recibir un comparendo o acudir a un curso para obtener un descuento o someterse a la tramitomanía para quedar a salvo. De ahí que siempre se apele a una excusa que intente explicar nuestro mal proceder en la vía: desde reconocer humildemente el error hasta apelar a la manida frase de ‘usted no sabe quién soy yo’ para evitar la sanción correspondiente.

La mayoría de comparendos impuestos en Bogotá y otras ciudades tienen que ver con prácticas elementales de mal comportamiento: estacionarse en lugar prohibido –van 55.000 comparendos en los últimos cinco meses–, violar el pico y placa, hablar por celular mientras se conduce, etc. Todas evitables si se tuviera un mínimo de consideración con la ciudad y el propio bolsillo, pues, en términos de sanciones, aquí, como en cualquier otro lugar del mundo, el que la hace la paga.

En el 2017 se impusieron en Bogotá alrededor de 340.000 multas, cifra que aumenta cada año, y el monto por el no pago de las infracciones cometidas asciende a 380.000 millones de pesos. Cada año, 150.000 comparendos pasan a cobro coactivo por orden de la Secretaría de Movilidad, esto es, la aplicación de medidas cautelares como el embargo de bienes, salarios, cuentas bancarias y demás. Solo por este concepto, las órdenes superan hoy los 348.000 embargos.

Más allá de algunas fallas, el cobro coactivo por comparendos no pagados es el último recurso del Gobierno para que la gente no le haga conejo.

La cifra puede sonar escandalosa, pero lo aberrante es que el 70 por ciento de los infractores hagan caso omiso del pago de una multa, razón por la cual el Distrito ha optado por medidas radicales e impopulares. Ahora bien, el Gobierno ofrece la posibilidad de hacer acuerdos de pago con quienes presentan morosidad. Hay 157.000 vigentes, pero lo triste del asunto es que más del 90 por ciento incumplen los compromisos adquiridos, es decir, ni aun dándoles la oportunidad de ponerse al día lo hacen.

Recientemente ha habido protestas de personas afectadas injustamente por los embargos, y no tendrían por qué sufrir la pesadilla que significa arreglar el asunto. La secretaría debe enmendar estos errores. Pero donde no puede ceder es en aquellos casos en los que un conductor acumula multas por 142 millones de pesos y sigue tan campante. A él y a todos los que se valen de artimañas como entregar direcciones erradas, falsos números telefónicos o acudir a tramitadores para evitar ser notificados debe caerles todo el peso de la ley porque representan un peligro para la sociedad. Ni más ni menos. El sujeto con el récord en infracciones tiene tres por conducir en estado de embriaguez.

En contraste, hay que aplaudir el buen ejemplo de los conductores que se portan bien en una ciudad que no necesariamente es amable con el carro particular y aquellos que reconocen sus errores y pagan por sus culpas. Pero quienes se escudan en la morosidad o en hacerle el quite a la multa por cualquier vía han de saber que juegan con su propio patrimonio, como lo ha hecho evidente la Alcaldía. Tener un vehículo no es patente para ignorar normas que solo pretenden que un espacio pueda ser compartido por todos de forma racional y segura.

editorial@eltiempo.com

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