Migrantes, la ola incontenible

Migrantes, la ola incontenible

Con 66 millones en el mundo, ya representan el principal desafío del siglo XXI.

20 de mayo 2018 , 02:51 a.m.

La gama de conflictos que estremecen al mundo —muchos de ellos indiferentes para buena parte del conjunto de naciones— y las brechas sociales que no consiguen sellarse de forma definitiva hacen que el arranque del siglo XXI, si bien asombra por sus avances científicos y tecnológicos, también esté incubando la peor tragedia de la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial: la de la llamada nación invisible que hoy conforman 66 millones de migrantes forzados: 23 millones en condición de refugiados y 43 millones que han sufrido desplazamiento por diversos motivos, según Naciones Unidas.

El fenómeno va más allá de lo que el ciudadano promedio alcanza a advertir en los medios o en los debates geopolíticos que promueven distintos organismos. Tampoco se debe circunscribir al espacio que domina el interés de las grandes potencias. El conflicto en Siria es un ejemplo: toda la atención se centra en él —que no es una causa menor—, dado el impacto que el trasegar de desplazados produce en Europa y por las reacciones hostiles hacia ellos. No obstante, hay un desconocimiento más o menos generalizado de lo que sucede en África, donde, solo en 2016, más de medio millón de refugiados provenientes de Sudán del Sur arribaron a Uganda con la expectativa de cruzar el mar hacia el Viejo Continente.

En un período de 15 años, entre 2000 y 2015, las oleadas de refugiados las generaron las guerras en Afganistán, Sudán, Darfur, Líbano, Sri Lanka. En 2009, Alemania recibió a miles de desarraigados de Irak; en 2015, EE. UU. tuvo que reasentar a casi 70.000 y Uganda, a 100.000. Hoy por hoy, según un reciente informe del sitio Fastcoideas, los países en desarrollo, cuyas rentas escasamente alcanzan para atender su propia población, albergan al 90 por ciento de estas personas.

Solo en Siria, 12 millones de individuos han tenido que dejar su lugar de origen. Más de la mitad de ellas han sufrido desplazamiento interno, pero otros 5 millones tuvieron que huir a países vecinos. Colombia no escapa a esa realidad. Se estima que el conflicto armado ha dejado hasta el momento más de 8,6 millones de víctimas, entre ellas 7,6 millones de desplazados internos y cerca de 400.000 refugiados.

Más que tolerar a los migrantes, hay que aprender a convivir con ellos, especialmente con quienes han sufrido el rigor de la guerra

Según la Acnur, a marzo de este año, Colombia había recibido 277 personas en condición de refugiados y tenía 625 solicitantes de asilo, situación que se ha agravado por la crisis de Venezuela. Si hace medio siglo este país fue la panacea para miles de inmigrantes venidos desde diversos lugares, la crisis social y política que afronta hoy lo ha convertido en exportador de migrantes hacia Colombia, principalmente, donde ya se habla de hasta un millón.

De ahí que en la clausura del Foro Urbano Mundial WUF9, que se llevó a cabo en el mes de febrero, el director general de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), William Lacy, haya considerado este asunto el más apremiante del presente siglo. Llámense refugiados o desplazados, lo cierto es que la migración está cambiando la dinámica de la sociedad a tal punto que hoy, uno de cada siete seres humanos en el mundo, es decir, mil millones de los 7.000 millones que habitan el planeta, tiene esa condición. Cada año, 258 millones de personas cruzan las fronteras y otros 750 millones son objeto de migraciones internas, reveló Lacy.

No obstante los llamados que desde las mismas Naciones Unidas se han hecho para redoblar esfuerzos y ayudas hacia quienes buscan ser aceptados en otro suelo, la amenaza contra su integridad persiste. Gobiernos totalitarios y populistas conquistan terrenos cada vez más fértiles para que florezcan los discursos nacionalistas y xenófobos. Italia, que debate por estos días quién será su nuevo primer ministro, lo ha hecho sobre la base de un preacuerdo en el cual se sugieren la deportación masiva de inmigrantes, la eliminación de los asentamientos para los gitanos e, incluso, un trato preferencial para guarderías que presten servicio exclusivamente a los italianos, según recoge una nota periodística del diario El País de España esta semana, un asunto que ya comienza a inquietar a sus vecinos de Europa.

Pese a todo, la migración seguirá siendo una ola incontenible en los tiempos venideros. Millones insistirán en cruzar fronteras cada año. Y ya sea que se los acepte o no, la OIM tiene claro que se trata de un fenómeno inevitable, necesario y deseable, siempre y cuando existan políticas precisas y responsables hacia los migrantes.

El reto es también para las ciudades, principales receptoras de esta población. Cada semana, conforme lo revela este organismo, tres millones de personas llegan a ellas en busca de trabajo y seguridad. Y ese es, justamente, el segundo apremio que deberá atender la humanidad en este siglo: la construcción de territorios y entornos urbanos en los que sea posible la convivencia por encima de las diferencias.

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