Migración masiva

Migración masiva

El éxodo de venezolanos es un asunto de enorme trascendencia para Colombia.

05 de febrero 2018 , 01:12 a.m.

Aunque todos los colombianos a diario tienen indicios, por la presencia cada vez más extendida de venezolanos en la vida cotidiana del país urbano y rural, todavía la mayoría no alcanza a dimensionar el tamaño del desafío que supone la crisis, a todo nivel y sin precedente histórico, del país vecino. La misma por la cual, hasta el 31 de diciembre, unas 600.000 personas permanecían en Colombia, sin contar las que van de tránsito a otras naciones del continente.

Este es un asunto de enorme trascendencia. De entrada, hay que decir que esta migración ya supera en envergadura a muchas otras que hoy tienen lugar en el planeta, de la misma índole y objeto de constante cubrimiento. Basta decir que en el 2017, la cifra de migrantes que llegaron a Europa fue de 171.635.

El informe publicado ayer en este diario ofrece una radiografía reveladora de lo que hoy ocurre y deja en evidencia los retos que vienen con el fenómeno. El primero es tener una idea clara de su magnitud, y para ello es clave lo ya dispuesto por el Gobierno en el sentido de que todos aquellos que crucen la frontera sean objeto de registro. El segundo, reconocer que este esfuerzo ya no puede ser solo de las instituciones nacionales y locales que tienen como misión ocuparse de la migración. El volumen que ha alcanzado el flujo de personas (35.000 ingresan cada día solo por el puente Simón Bolívar, en Cúcuta) hace que esto pase a un plano de crisis humanitaria, que requiere una política estatal en la que participen todas las instituciones. Es fundamental contar con la cooperación de la sociedad civil y, muy importante, de la comunidad internacional. Aquí se trata de lograr una respuesta coordinada de todos los países afectados y, al mismo tiempo, seguir juntos en la búsqueda de la tan anhelada luz al final del túnel por la vía de la diplomacia. Si un relevo en el poder, resultado de una negociación impulsada por tal medio, definitivamente no es posible, entonces habrá que concentrarse en las acciones para el llamado ‘día después’. Es decir, cuando se llegue al punto de inflexión del actual estado de cosas.

Los pasos dados por Colombia hasta ahora en el manejo de la crisis van en la dirección correcta. Una situación así de crítica exige una respuesta que combine en dosis iguales sentido humanitario y criterios técnicos. El despliegue que ya comenzó en la zona de frontera apunta a dar el necesario alivio y la atención básica a quienes pisan territorio nacional en precaria situación, pero también a darles la posibilidad de trabajar. Esto conduce a otro frente en el que hay que ser muy cuidadosos: el del control de las condiciones en que se están vinculando los venezolanos al mercado laboral.

Son muchos más los campos en los que habrá que involucrar la perspectiva de la migración masiva de venezolanos en la gestión pública. Se trata de atenuar las consecuencias negativas –muchas inevitables– de un hecho de estas características y potenciar lo positivo que pueda tener. Algo absolutamente primordial, en todo caso, es en ningún momento perder la dimensión humanitaria de este esfuerzo, la cual invita a obrar con el corazón y, sobre todo, dar impulso para no desfallecer.

editorial@eltiempo.com

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