Editorial: Metro: ¿ahora sí?

Editorial: Metro: ¿ahora sí?

La viabilidad financiera para esta obra de transporte masivo es una gran noticia para los bogotanos.

18 de septiembre 2016 , 11:06 p.m.

Han sido tantas las ocasiones en que los bogotanos han visto titulares según los cuales la construcción del metro está asegurada que resultan explicables las expresiones de incredulidad tras la rueda de prensa del sábado en la Casa de Nariño, en la cual se divulgó la viabilidad financiera de la iniciativa. No obstante, aunque el escepticismo es entendible, la verdad es que nunca antes el anhelo de décadas se encuentra tan cerca de convertirse en realidad.

Las razones son varias. En primer lugar está el tema del dinero, el más importante de todos. Garantizar que la Nación aportará el 70 por ciento de los recursos necesarios para adelantar la obra despeja los interrogantes con respecto a quién sufragará el costo, calculado en unos 13 billones de pesos, pues la ciudad ya identificó de dónde saldrá su parte.

En segundo término se encuentra el trazado del tren metropolitano, que en una primera fase unirá el portal de las Américas, en el sur de la ciudad, con la calle 72 en la intersección con la avenida Caracas, en el norte. Una etapa sucesiva llevará el sistema hasta la calle 127, para así completar más de 28 kilómetros de recorrido.

De acuerdo con el cronograma inicial, la apertura de la licitación se hará a mediados del próximo año, con el fin de comenzar trabajos a principios del 2018. Si el calendario se respeta, en el 2022 se empezarán a transportar los primeros pasajeros, con el objetivo de llegar a movilizar algo menos de un millón de ellos al día, por encima de los guarismos del Metro de Medellín.

El elemento fundamental en la ecuación es la determinación de desarrollar una estructura elevada, lo cual contrasta con el propósito de un subterráneo impulsado por la administración de Gustavo Petro. Aunque esta opción es defendida por los partidarios del alcalde anterior, lo cierto es que el costo de la alternativa escogida es mucho menor, a la luz de la devaluación del peso, al igual que el espacio para sorpresas que incrementen el tamaño de la factura.

Y si algo entiende la ciudad es que hay una lamentable tradición según la cual el desarrollo de la infraestructura tarda más tiempo y acaba valiendo mucho más que el cálculo original. Al irse por arriba se minimizan las contingencias, sobre todo la que nace del suelo de la Sabana, donde los terrenos pantanosos han sido responsables de la calidad y duración de infinidad de obras.

Dicho lo anterior, es indudable que hay que ser conscientes de los riesgos que acompañan al metro elevado, comenzando por el peligro de que se deterioren las zonas de la superficie. Esta es una gran oportunidad para la renovación urbana, máxime si los diseños reconocen que el desafío es que la vida citadina renazca y las inquietudes en torno a la seguridad desaparezcan.

En conclusión, la del sábado es una gran noticia, pues el sueño de décadas está ante la posibilidad cierta de hacerse realidad. Para que no vengan nuevas frustraciones, es obligación de las autoridades cuidar los detalles a fin de que al iniciarse la próxima década los bogotanos empiecen a montar en el tren metropolitano. La movilidad y la calidad de vida de los habitantes del Distrito Capital justifican plenamente esta ambiciosa iniciativa.

EDITORIAL

editorial@eltiempo.com.co

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