Los dibujos de un creador inquieto

Los dibujos de un creador inquieto

El legado del arquitecto Germán Samper es un valioso aporte a la memoria de nuestras ciudades.

16 de septiembre 2016 , 08:19 p.m.

A finales de la década de 1940, el joven arquitecto colombiano Germán Samper Gnecco comenzó a trabajar en París con uno de los profetas de la nueva arquitectura, Le Corbusier. A su lado, Samper aprendió a cuestionar los dogmas que imperaban en la construcción y a crear con su propia inspiración.

Más de medio siglo después, el fruto de ese aprendizaje está vivo, se puede tocar, habitar, disfrutar. Son edificios como los de la Ciudadela Colsubsidio, la sala de conciertos de la biblioteca Luis Ángel Arango, la sede del Museo del Oro e incluso la de la sala de redacción en la que se escriben estas líneas.

Samper Gnecco ha dejado huella en sus creaciones de cemento armado, no solo en Bogotá, sino igualmente en Medellín, Bucaramanga o Cali. Y ahora se puede testimoniar su manera de ver la arquitectura con la exposición ‘A dibujar se aprende dibujando’, en la que se pueden observar por primera vez sus bocetos de grandes construcciones o simplemente los paisajes capturados por su pulso certero en viajes por todo el mundo.

El Museo de Bogotá exhibe 122 reproducciones, 20 dibujos originales, dos cuadernos de arquitecto y ocho cuadernos de dibujos originales, que permiten apreciar el sentido de observación de Samper y la magnitud de los volúmenes que han impresionado sus ojos.

Además de la belleza de sus trazos, la muestra refleja los intereses del laureado arquitecto, más allá de los ladrillos: el lado social de las construcciones. No en vano, Samper fue el impulsor del primer proyecto de autoconstrucción de vivienda social en el país, con el barrio La Fragua, en Bogotá.

La exhibición, que se divide en ocho espacios temáticos y estará abierta hasta el próximo 20 de noviembre, se complementa con charlas y talleres orientados a intereses generales y también para públicos especializados.

Así, el patrimonio intelectual que almacenan sus dibujos contribuye también a dejar un aporte a la memoria de nuestras ciudades. Como bien lo dijo Samper en una nota reciente en estas páginas: “Quien no dibuja no recuerda”.

editorial@eltiempo.com

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