Los días del burkini

Los días del burkini

Su prohibición recuerda que cada cultura es una historia plena de detalles en mora de ser escuchada.

23 de agosto 2016 , 07:07 p.m.

No es nuevo el burkini: esta mezcla entre la burka y el bikini –la palabra misma es, por supuesto, un acrónimo– es un traje de baño usado por mujeres musulmanas en los últimos diez años. Desde entonces, desde que fue inventado por una australiana de origen libanés llamada Aheda Zanetti, ha causado controversia principalmente en los países europeos. Fue en agosto del 2009 cuando a una mujer le fue prohibido entrar a una piscina en Francia por estar vistiendo un burkini. En los siete años que siguieron se volvió común escuchar noticias semejantes: que no está permitido usar burkini en las playas de Cannes o en Niza porque no es un traje higiénico y puede ostentar símbolos religiosos y revivir el extremismo islámico en regiones que lo han estado padeciendo.

Lo cierto es que miles de musulmanas que apenas se atrevían a meter un pie en el océano, hoy, cuando el burkini cumple más de una década de proteger y liberar, han podido cruzar las playas y meterse al mar sin temor a ser condenadas por su religión, pero a cambio han tenido que soportar las miradas fijas y discriminatorias de los demás bañistas. Por eso, porque “la ropa de playa que está cargada de alguna afiliación religiosa puede conducir a problemas de orden público”, el alcalde de Cannes prohibió el uso del burkini en sus aguas. Siguieron su ejemplo varias ciudades más, en defensa de los valores franceses. Y lo aplaudieron, curiosamente, políticos de izquierda y de derecha de un país que tanto ha hecho por los derechos humanos, pero que ha estado sintiéndose azotado por los extremismos.

Por supuesto, la prohibición brutal, con aires nacionalistas, ha sido lo mejor que ha podido pasarle a la prenda, pues a partir de ese momento sus ventas han aumentado de modo considerable en las tiendas europeas; ha conseguido, de paso, la solidaridad de los demasiados discriminados del mundo entero (un millonario argelino se ofreció hace unos días a pagar las multas de las mujeres que de aquí en adelante usen burkini), y ha obligado a recordar que cada cultura es una historia plena de detalles en mora de ser escuchada.

editorial@eltiempo.com

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