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Las vacas del río Bogotá

Jueves 8 de diciembre de 2016
Editorial

Las vacas del río Bogotá

La meta de recuperar el río se ve aún muy lejana y la ciudadanía parece no estar ayudando.

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Más de 6 millones de toneladas de colchones, llantas, animales muertos, muebles viejos y todo tipo de basura han sido sacadas de las aguas del río Bogotá por la CAR para intentar sanear su cuenca. En esa labor se han invertido más de 180.000 millones de pesos y se obtuvo un empréstito con el Banco Mundial, por 430 millones de dólares, para construir la planta de tratamiento del Salitre, que purifica el agua desde la calle 200 hasta la 26. Pero no es suficiente.

Aunque falta menos de un año para que se cumpla el plazo que el Consejo de Estado estableció para recuperar el río, la meta se ve aún muy lejana y la ciudadanía parece no estar ayudando. Tal como lo reveló este diario, hay más de 17 procesos abiertos contra finqueros, agricultores y hasta ganaderos que usan ilegalmente esas aguas, aun contaminadas, para regar hortalizas o darle de beber al ganado. Esas mismas reses, cerca de 2.000 cabezas, se han comido parte de la inversión en jarillones y en adecuaciones.

Aunque el tema se ha visibilizado, las medidas se han quedado cortas frente al daño ambiental que se está generando y que, tal como lo advierte la magistrada del Tribunal de Cundinamarca Nelly Villamizar, es un delito de lesa humanidad contra más de 10 millones de personas. Se trata de un cauce vital para la capital y para decenas de municipios aledaños, tan indispensable como los sistemas masivos de transporte o las redes de alcantarillado.

Es urgente que las sanciones previstas sean aplicadas. Pero también es necesario que la Nación y el Distrito no dejen sola a la CAR en esta cruzada. Según esa corporación, aún se requieren 1.400 millones de dólares para construir la planta de tratamiento Canoas, que limpiará el agua desde la calle 26 hasta Soacha. Y todavía nadie sabe de dónde va a salir ese dinero. Gravar las tarifas de agua, como algunos sugieren, no se puede contar entre las alternativas viables.
Más allá del desacato en el que podrían incurrir Nación, Distrito y CAR, por no cumplir el fallo del Consejo de Estado, limpiar y cuidar el río es un compromiso con las próximas generaciones.

editorial@eltiempo.com

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