Editorial: La tarea que está pendiente

Editorial: La tarea que está pendiente

La reforma tributaria es necesaria; pero también es imperativo el examen a fondo del gasto público.

22 de diciembre 2016 , 08:45 p.m.

En el momento de escribir estas líneas, el proyecto de reforma tributaria avanzaba lentamente por la plenaria del Senado de la República, tras haber recibido luz verde en la Cámara de Representantes, bien entrada la noche del miércoles. Descontando sorpresas de última hora, todo hace pensar que a partir del próximo primero de enero los contribuyentes se verán obligados a asumir una carga adicional, la misma que le generará al fisco más de 6 billones de pesos de ingresos suplementarios en el 2017.

Aunque nunca un apretón de esta magnitud es bienvenido, el deterioro de los recaudos públicos por causa del desplome en los precios del petróleo y el menor crecimiento forzó al Ejecutivo a buscar nuevas fuentes. Sumado a ello, se quiso elaborar una propuesta estructural cuya meta era la de redistribuir las cargas entre las personas naturales y jurídicas.

El resultado, es obligatorio decirlo, parece estar por debajo de las expectativas. Los gremios que representan al sector privado, los sindicatos y los propios técnicos consideran que las cosas no salieron como unos y otros pensaban.
La conjunción del cabildeo y la relativa debilidad de la administración Santos llevó a que buena parte de las fórmulas tradicionales se vuelvan a ensayar, sin que la legislación se haya simplificado. Además, la opinión rechaza el aumento del IVA al 19 por ciento, lo cual posiblemente incidirá en el ritmo del costo de vida.

Hacia adelante, es motivo de inquietud pensar que si el remedio aplicado esta vez acaba siendo insuficiente, el próximo gobierno se verá abocado a tocar otra vez la puerta del Capitolio. Algo así no sería extraño en un país acostumbrado a ver una reforma tributaria cada 18 meses.

Sin embargo, el hecho de que la práctica sea usual no quiere decir que sea la correcta. Por tal motivo, hay que insistir en que sigue pendiente un marco tributario equitativo en el cual brillen por su ausencia las exenciones y las preferencias, mientras se ataca con dureza la evasión. El fortalecimiento de la Dian, para que sea una entidad profesional en donde corruptos y politiqueros encuentren cerradas las puertas, necesita convertirse en una verdadera prioridad nacional.

No menos importante es darles una revisión severa a los gastos gubernamentales. El mandato de mirar en qué se van los fondos públicos –que está en el articulado de la reforma– es bienvenido, pero solo si desemboca en cirugías de fondo para que el dinero del Estado se utilice bien.

El rechazo de la gente a los impuestos nace de la impresión de que la plata pública se desperdicia, cuando no se roba. Aun si en los últimos tiempos el presupuesto nacional ha sido recortado, la impresión compartida por todos es que todavía hay demasiadas erogaciones innecesarias.

Un ejemplo central es el de los subsidios, que en el 2015 ascendieron a 72 billones de pesos, de acuerdo con Planeación Nacional. Algunas de esas transferencias se justifican con el propósito de darles una mano a los más pobres, pero en más de una oportunidad se han constatado abusos. La depuración reciente de los beneficiarios del Sisbén es apenas una muestra de que aquí también hay tela por cortar, y mucha.

editorial@eltiempo.com

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