Editorial: La sordera crónica del Eln

Editorial: La sordera crónica del Eln

Los hombres de 'Gabino' se empeñan en darle la espalda a un clamor que les pide cesar la barbarie.

22 de agosto 2016 , 09:08 p.m.

A cada llamado desde la sociedad para que el Ejército de Liberación Nacional sea protagonista y no antagonista en el relato de cómo un país pasó la página de una guerra de sesenta años, esta organización responde con una bofetada.

Bofetadas verbales, con sus desafiantes comunicados, y bofetadas que se concretan por medio de acciones tan violentas como inaceptables: ataques con armas no convencionales, extorsiones y secuestros.

Plagios como el del exparlamentario Odín Sánchez, en su poder luego de un intercambio por su hermano, Patrocinio Sánchez, que la semana pasada fue noticia por la entrega de un video con unas imágenes dantescas de un ser humano demacrado, bajo absoluto control de verdugos armados.

Y si dicha prueba de supervivencia generó tanto rechazo es porque se trata de un cuadro que los colombianos inmediatamente asocian con impotencia y chantaje. Esto, debido a que durante años, por los secuestros de las Farc a militares y civiles, considerados por esta organización como ‘canjeables’, sin duda estas imágenes causaron un trauma en el sentir colectivo de la nación. No hay duda tampoco de que hay consenso –del que ya hacen parte incluso las mismas Farc– en que ha llegado el momento de acordar que se trata de conductas absolutamente violatorias de la dignidad humana, sin justificación posible.

Pero los hombres de ‘Gabino’ parecen vivir en un planeta sin comunicación alguna con el nuestro. O al menos esa es la impresión que dan sus reiterados portazos, su actitud de oídos sordos frente al clamor de las más diversas voces para que cesen la barbarie.

Al contrario, se aferran a su obtusa y delirante postura de buscar un supuesto fortalecimiento de sus reivindicaciones en la mesa de negociación –que sigue en pausa– a través del derramamiento de sangre y del sufrimiento desmedido de inocentes. Cuantas veces sea necesario, hay que decirles que se equivocan al optar por ese camino.

Ni siquiera –hasta el momento de escribirse estas líneas– responden a llamados como el del sacerdote jesuita y columnista de este diario, Francisco de Roux, quien se mostró dispuesto a canjearse por Sánchez. Un ofrecimiento que, interpretado al pie de la letra, aunque sin lugar a dudas movido por un propósito loable –algo incuestionable, dadas las calidades éticas y humanas de quien lo hace–, puede ser calificado de inconveniente, dado que podría, en estricto sentido, perpetuar la práctica del secuestro.

Es mejor, entonces, valorar dicha disposición como un certero cuestionamiento a la escala de valores de una agrupación que en algún momento se dijo cristiana. Y como una valiente manera de poner en evidencia cómo el respeto a los derechos fundamentales de las personas está muy por debajo del afán de conseguir recursos que garanticen el funcionamiento de su maquinaria de guerra.

Muy difícil es encontrar, pues, una voz discordante en el coro que, con aportes de todas las orillas, hoy le pide a esta guerrilla reflexionar y quedar en la historia como la que supo interpretar la importancia de un momento histórico y estuvo a la altura con su decisión de no ser un pero que lamentarán varias generaciones de colombianos.

editorial@eltiempo.com

MÁS COLUMNAS

Columnistas

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA